l
Opinión / ABRIL 17 DE 2024

El antiantioqueñismo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Firmado por Alberto Aguirre, publicado en Revista Soho, 2005, circula en redes, entre resentidos, petrófilos, o simples curiosos, un texto titulado, “Odio a Medellín”, que desde la primera letra hasta el punto final destila a llave abierta lo anunciado: odio exaltado hacia la capital y la caracterología antioqueñas. A quien de buena intención me lo hizo llegar, huésped actual de la aludida urbe, luego de leer el bilioso discurso, le dirigí el siguiente comentario:

Usted, mejor que yo, amigo mío, puede confirmar o rechazar el texto. Trajo a mi memoria las duras diatribas dedicadas a la ciudad zancuda, a la Manizales del siglo anterior, por sus dilectos con trazas de intelecto, hijos de sangre -Jaime Echeverri, Adalberto Agudelo, Orlando Mejía, entre otros-. Numerosos son los inconformes con sus ciudades, países, etnias o comunidades de origen, por razones a cual más comprensibles o deleznables. Sobre Medellín, sus lacras y estigmas, sobre el voraz afán de lucro que parece dominarla, la religiosidad transaccional atribuida a sus gentes y el fuerte apego por familia, propiedades, costumbres, tradiciones, según algunos, improntas pueblerinas entre el metro y los rascacielos, es muy poco aquello que con alguna validez podría conceptuar. No tuve la oportunidad de residir en la ciudad aludida ni en su vecindad. Apenas visitante casual, en espaciadas ocasiones, receptor de mimos y zalemas, propios del trato local al forastero, sin aparente intención comercial, puedo dar fe, eso sí, de la gesta poblacional antioqueña, por extensión caldense, sin comparación posible en el país o en el ámbito continental que, “con el tiple y con el hacha, y con el perro andariego que se tragó la montaña”, domeñó la selva y la pobló de maíz, plátano, vacunos, y desde inicios del siglo XX, del grano arábigo del cual llegó a depender la economía nacional. Más de la mitad de la extensión habitable de entonces, del precario país colombiano, para bien o para mal, recibió sombrero, carriel, poncho y zurriago como enseñas características: Antioquia, su carnal Caldas, como emisores de emigración, fundaron pueblos y ciudades, ampliando fronteras agrícolas, consolidando regiones de perfiles sociales particulares, orgullosos de su ascendencia, a lo largo y ancho de nuestra geografía: Risaralda, Quindío, norte del Valle del Cauca, Chocó, Urabá, sectores de la costa norte, del Tolima, hacen parte del bloque paisa.

Trascendiendo límites, países limítrofes, Ecuador, Perú, Venezuela -donde llaman “paisas” a todos los colombianos, cuentan con un aporte enorme de nuestra migración, sobre todo antioqueña. Imposible negar, igualmente, el desarrollo industrial que caracterizó su siglo XX, particularmente con factorías textiles, confección, alimentos, el fervor regional por el ciclismo, el fútbol, la codicia emergente, desenfrenada, matriz del narco y sus mafias, entre rasgos distinguibles.

A la clase empresarial y política de Medellín siglo XX, se le sindica -cómo negar o confirmar culpas semejantes-, no haber fijado entre sus prioridades la promoción socioeconómica de las masas laborales, propiciando así la aparición y extensión urbana de violencia y delincuencia. Pese a todas las tachas que les adjudiquen, incluso su no muy claro parentesco judío sefardí , o vasco, en auge el actual sentimiento antisemita estimulado por zurdos y progres, jamás escribiría algo semejante a lo de Aguirre contra ninguna ciudad o país. Quienes lo hacen, creo, se miran en su espejo y se odian ellos mismos tal como son, despreciando, hiriendo la sensibilidad local, pisoteando valores compartidos, como si de un individuo detestable o dañino se tratara. Respeto posiciones, sentires u opiniones que jamás podría hacer mías; adivino las luchas del advenedizo contra el raizal, de quienes reniegan de la fe, de templos y ministerios religiosos, de quienes detestan el agro, el comercio, la industria, los servicios, y a quienes a ello se dedican; pero ahítos de odios como estamos, no sumemos uno más.
 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net