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Opinión / ABRIL 13 DE 2023

«El arte de unir universos»

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Entre lo más destacado del IX Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado entre el 27 y el 30 de marzo en la ciudad de Cádiz, estuvo la presentación del primer Mapa de la Traducción Mundial del Instituto Cervantes, herramienta gracias a la cual se ha evidenciado que Gabriel García Márquez es el autor más traducido del español en el siglo XXI, por encima de Cervantes. La noticia se suma a las que cada año aparecen con motivo de su natalicio, la fecha de su fallecimiento –se cumplen nueve años el próximo 17 de abril−, u otra efeméride, y que son aprovechadas por sus editores para ofrecerle al público lector nuevas ediciones y traducciones. Una de las más recientes es la bellísima edición ilustrada por Luisa Rivero de El coronel no tiene quien le escriba, la que, para muchos, me incluyo, es su mayor obra maestra.

Lo anterior por supuesto es motivo de orgullo para los colombianos y ratifica la grandeza y vigencia de una obra inagotable. Pensar que los personajes, peripecias y maravillas del universo garciamarquiano han encontrado lectores en todos rincones del mundo y en lenguas de inimaginable complejidad y belleza resulta sorprendente y admirable. ¿Cómo suena la descripción de las empresas delirantes del coronel Aureliano Buendía en esloveno? ¿En qué aldea perdida de Vietnam habrá una joven deslumbrada con la belleza hiperbólica de Esteban, El ahogado más hermoso del mundo? ¿Cómo será una sesión de lectura en voz alta de El amor en los tiempos del cólera en húngaro? ¿Qué palabras resuenan en la cabeza del persa que lee las desgracias de la cándida Eréndira? 

Es silencioso y a veces ingrato el oficio de los traductores. Y es que trasvasar un universo narrativo o poético de un idioma a otro pareciera un artificio eminentemente mecánico que hoy por hoy podría ser encargado a la inteligencia artificial, lo que de alguna forma sustentaría la mediocridad de muchas traducciones. De otro lado, y no en pocas ocasiones, sale a relucir la expresión italiana “traduttore, traditore”, que por cierto en español pierde su musicalidad y elegancia –traductor, traidor−, la cual da cuenta del riesgo que supone llevar las ideas, la belleza y la musicalidad de una lengua a otra. 

En 2022 España fue el país invitado a la Feria del Libro de Fráncfort. En el discurso inaugural, la escritora Irene Vallejo, autora del portentoso ensayo El infinito en un junco, propuso un elogio de la traducción, definiéndola como «el arte de unir universos, una tarea de bastidores y penumbras.» Y amplió más adelante: «…traducir es una tarea filosófica, henchida de preguntas, desgarro y renacer. O, como afirmaba Goethe en El Diván de Oriente y Occidente, “la aproximación desde lo extraño a lo propio y familiar, el acercamiento entre lo conocido y lo desconocido” … Al traducir, partimos de la diferencia para reivindicar la cercanía. Afirmamos que es preciso usar la imaginación para ser fieles. Sabemos, como Goethe, que los idiomas extranjeros se buscan, se necesitan, se intercambian regalos y metáforas.» 


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