l
Opinión / DICIEMBRE 21 DE 2023

“El derecho a la curiosidad”

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Como los afluentes de un río cuya corriente impulsa nuestra vida, la lectura y la curiosidad se unen para proyectar nuestro ánimo por conocer el mundo, aprehender la realidad y acercarnos a la comprensión de la condición humana. Nos formamos en la curiosidad y la lectura para liberarnos de la ignorancia que nos paraliza y enceguece, y eso conduce, indefectiblemente, a poder asumir posturas críticas y cuestionar(nos) constantemente. Sin embargo, es la lectura la que ha merecido mayor atención como dispositivo de indagación, amparada por el prestigio de la cultura letrada y promovida con más o menos contundencia en los diferentes ámbitos de la sociedad.   

Pero la curiosidad tiene más historia que la lectura. Antes del surgimiento y desarrollo de los lenguajes orales y escritos, fue la curiosidad la que movilizó a los primeros pobladores del mundo para abrirse campo y colonizar territorios, activando el instinto de supervivencia. Saciar las necesidades alimenticias con la recolección y la caza, diferenciando lo comestible de lo nocivo; descubrir el fuego y saber que, además de proporcionar iluminación y calor, su acción sobre la carne la hacía más sabrosa y fácil de digerir; e inventar la palanca y la rueda para facilitar el trabajo, fueron algunas de las conquistas a las que la curiosidad llevó al hombre primitivo.

Mas adelante sería la misma curiosidad la que le permitiría desarrollar las formas más elaboradas del lenguaje para comunicar, instruir, narrar y poetizar. Es entonces que aparece la lectura para componer con la curiosidad un binomio insuperable como herramientas de conocimiento y transmisión de saberes, convirtiéndose en elementos sustanciales de la práctica educativa, como lo plantea el pedagogo brasilero Paulo Freire, quien además de haber escrito que «la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra», también argumentó que «enseñar exige curiosidad».  

Vigentes y necesarias para comprender y buscarle salidas a la crisis de la educación en una sociedad como la colombiana, las ideas de Freire se afincan en las virtudes del diálogo, las preguntas, la curiosidad, y la lectura  en su sentido más amplio  para trazar un modelo de educación apartado de lo coercitivo, en el que la libertad de pensamiento y el sentido de lo humano prevalezcan en la formación de los educandos. 

Antes de finalizar con una idea de Freire, me parece valioso apuntar que en la etimología de la palabra “curioso” nos encontramos con la raíz latina “cura”, y el derivado “curiosus” que significa cuidadoso, esmerado, minucioso. De forma que ser curioso, además de significar “deseoso de saber alguna cosa”, también da cuenta de la prolijidad con la que se ejecuta una tarea. Así pues, se espera que los estudiantes sean curiosos en todo sentido. 

A propósito de la curiosidad, escribió Freire: «Como profesor debo saber que sin la curiosidad que me mueve, que me inquieta, que me inserta en la búsqueda, no aprendo ni enseño… El ejercicio de la curiosidad convoca a la imaginación, a la intuición, a las emociones, a la capacidad de conjeturar, de comparar…»


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net