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Opinión / JUNIO 13 DE 2022

El estado soy yo

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En una tormentosa noche, fría y triste, cuando acaba de ver por segunda vez, la película La vida es bella, me llegó un video que me obligó a tomar  agua de valeriana, mientras llamaba a mi amigo Rozo para que me recetara algo que  le permitiera a mi corazón, desacelerarse. Lo que en el video decía, no lo pude dar como cierto hasta la mañana siguiente cuando viendo más videos del personaje pude concluir que no era un montaje y que las declaraciones  eran verdaderas. Mi amigo, el médico, en vez de recetarle algo a mi corazón, me dijo que me comunicara con Víktor Frankl, para ver si él podía encontrarle sentido  a dicha declaración. En medio de rayos y centellas, una amiga médium, me comunicó con el siquiatra austriaco, al que le compartí el mencionado video. Víktor, muy amable y con tristeza, me pidió que lo documentara sobre el personaje del video, lo cual hice. Después de ver  los videos, Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración  del venerado Hitler, entró en llanto, ya que, en el mundo de los muertos, reunido con todas las víctimas  del gran pensador nazi, no han podido descansar en paz, debido a  que en  el mundo  hay aún, movimientos neonazis, y muchos líderes que tienen como pensador guía  al dictador Alemán de origen austriaco.

Víktor Frankl, sereno, pero firme, antes de desaparecer en el mar de las tristezas sin poder descansar en paz, se despidió con una frase lapidaria “El señor del video no está loco, los que están de siquiatra son sus seguidores. Un pueblo que sigue a un líder así desconoce  la historia, y está condenado al abismo”

Se preguntarán, estimados amigos, de qué videos hablo, y qué líder. Me duele decirlo, porque respeto profundamente al ser humano, más si es un adulto mayor, al que los años debieron darle mucha sabiduría, pero en este caso, la naturaleza ha fallado, al igual que falló en el caso de sus seguidores. Un hombre que dice que su guía es un gran pensador alemán llamado Adolfo Hitler, y que en sus propuestas uno se da cuenta que la afirmación tiene sentido de verdad, no puede ser tomado en serio. Sus millones de seguidores debieran repensar con seriedad y amor a su patria, su posición frente a dicho líder. Son posiciones dictatoriales, asegurar que la ley le importa un trasero, que la jornada de trabajo debiera ser de 9 horas con media de descanso, que las mujeres son para la cocina y tener hijos, que a quienes lo cuestionan les responde a cachetadas, que ofrece bala  para resolver sus conflictos, que se ufana de explotar con intereses de usura los destechados, que despide a sus secretarias porque no violan la ley al amaño de sus intereses, no puede ser el elegido por un pueblo, para que lo gobierne. 

Un hombre que al estilo del rey francés Luis XIV, dice “El estado soy yo” no puede ser gobernante en un estado moderno.


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