Opinión / DICIEMBRE 07 DE 2021

El paisaje humano

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Vuelvo con historias de mi padre: siendo él muy joven estaba con su amigo Leonel Ospina, apoyado en la puerta del Hotel Alcázar en Calarcá. El propietario del lugar al que llegaban distinguidos visitantes, salió y de forma cariñosa les dijo: muchachos, córranse de ahí. “Ustedes están muy flacos y los clientes van a creer que comen aquí”. 

Era un relato ingenuo de Don Otoniel para entretener a sus hijos, pero retrata la costumbre de personas, empresas y gobiernos, de ocultar realidades para no espantar turistas. Se recuerda lo que hizo la dictadura Argentina durante el mundial del 78: evacuar y tapar con murales las llamadas “Villas Miseria”, para que los extranjeros no vieran lo que ocurría detrás. Los colombianos sabemos que hay una Cartagena sumida en la pobreza y que existe un barrio Mandela y que es igual en Santa Marta, San Andrés, Cali o muchas de nuestras regiones, así quiera no mostrarse. O también puede suceder que zonas así, se transformen en atractivos planificados, como una parte de las comunas de Medellín, las favelas de Río de Janeiro o el barrio Las Peñas en Guayaquil.

Quindío tiene algo de ese tapen tapen, pero más de desinterés. El Paisaje Cultural Cafetero que tanto se promociona es cada vez menos cafetero y menos verde. Eso ya se nota. Pero también es poco humano.

Muy bien exhibir orgullosos las montañas, la arquitectura de tres municipios, los cafetales y unos parques temáticos y un jardín botánico con entradas pagas. Pero no olvidar que Armenia es la sexta ciudad con mayor informalidad y que al cerrar el primer semestre tenía el cuarto mayor desempleo. El Quindío reúne la mayor proporción de adultos mayores (19.2 %) y la menor de jóvenes. Aún así, la desocupación entre 14 y 28 años es del 26.4 por ciento. Muchas personas con poco para hacer.

Los rostros de la publicidad siempre serán jóvenes y sonrientes y las imágenes aéreas parecerán maravillosas, pero en tierra las entradas a algunas ciudades quindianas lucen sucias y abandonadas. Niños se entretienen en juegos inflables y comparten el espacio de los parques centrales, con adultos sentados en bordes de jardineras, vendedores ambulantes y personas en condición de calle, mientras los parques de recreación de Calarcá y Armenia siguen cerrados. Por las calles rotas y los andenes quebrados, tratan de caminar señoras con bastón, disputando el espacio con motocicletas y con gallinazos que se han vuelto peatones y que “pastan” en la basura sin recoger. Apenas hay en funcionamiento un hospital público para todo el departamento. 

Por mucho que intentemos pintar nuestra tierra y correr un poco a quienes puedan “espantar “ a los visitantes, la otra cara también se ve. Hay que trabajar por esa cara. No ignorarla.


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