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Opinión / OCTUBRE 18 DE 2023

El poder del amor   

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hace unos días pasaba por una calle del mundo en una noche fría, eran las 9 p. m. y estábamos como a unos 14 grados, había muchas personas en la calle, había celebraciones porque en esta ciudad se llevaba a cabo un campeonato, después de pasar por unos bares muy llenos de personas, vi que en la puerta cerrada de un local estaba una madre joven con sus dos hijos, creo que tenían 3 y 4 años de edad.  

Se trataba de una persona en condición de calle con sus dos hijos, los tenía muy cubiertos, con unas pijamas que parecían de peluche, tenían varias cobijas para el frío y debajo varias capas de cartón para aislar el frío del piso. Lo que me llamó la atención significativamente de esta situación es que en esta escena que les describo no había ni un poco de malestar, la madre y sus hijos estaban riendo a carcajadas, ella contaba historias y hacía juegos y ellos sacaban su mayor sonrisa, parecían muy felices imaginando esas historias y jugando con su madre.  

Me quedé pensando en esta situación y comprendiendo que estos niños no sienten una carencia o una dificultad, no se sienten víctimas de un proceso o un sistema, son felices porque su realidad es filtrada por lo que su madre crea para ellos. Ella es en este momento de su vida una parte de ellos, quien guía sus acciones, quien limita su movimiento, quien regula su frío y calma su hambre, ella es su felicidad y las historias que cuenta los juegos que realiza son su propia realidad.  

A su vez ellos son para ella la forma de vivir una situación sin espacio a caer, sin lugar para desfallecer porque debe mostrar a sus hijos una magia que los haga reír.    

Tal vez debamos aprender mucho de esta situación. Debemos ser más niños para crear fantasías y reír a carcajadas a pesar de las situaciones difíciles, entender que podemos ser felices con poco y que gran parte de las necesidades que nos planteamos son solo ideas irracionales impuestas desde nuestros pensamientos y desde una cultura que nos golpea cada vez más poniéndonos en posición de querer cada vez más cosas, más experiencias satisfactorias y más elementos que al final se convierten en refuerzos inmediatos.  

Debemos ser además más como esa madre que no está siendo solo una víctima, sino que saca de toda una situación que para muchos podría ser terrible, una forma de ayudar a sus hijos, crea un espacio agradable para ellos así sea con ropa y cobijas que ha encontrado o que le han regalado, comparte lo más importante que es su tiempo con ellos, esos momentos de historias y juegos que muchos hemos dejado por estar en el celular, en el computador o en asuntos que creemos más importantes.  

Muchos niños de hoy al contrario de estos de la historia tienen todo, pero carecen de unos padres que tengan un minuto para jugar, reír y contar historias, tal vez en ese sentido estos niños que vi en la calle tienen mucho más porque tienen la atención y el tiempo de su madre.  
 


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