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Opinión / MARZO 26 DE 2023

El Ramadán

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Aunque para algunos sea difícil de creer, no todos los musulmanes tienen como propósito vital secuestrar aviones para estrellarlos contra edificios ni inmolarse en medio de una multitud de estadounidenses gordos. La mayoría son personas amables, sin instintos asesinos más elevados de los que se nos despiertan a todos ante situaciones específicas. Yo tengo un amigo musulmán, una de las personas más generosas y amables que haya conocido. Gracias a él, pude indagar un poco sobre una interesante costumbre que realizan cada año para fortalecer su autodisciplina, reflexionar y desarrollar su compasión hacia los demás, y así acercarse más a Dios: el Ramadán. 

Cada año, los musulmanes ayunan durante un mes, y no comen nada desde antes del amanecer hasta el ocaso. La fecha exacta del Ramadán cambia cada año, ya que no se basa en el calendario gregoriano sino en el lunar islámico. En el 2023, por ejemplo, va desde el 22 de marzo hasta el 21 de abril. Todas las personas de diferentes culturas y etnias que profesan esta religión, que ya hayan alcanzado la pubertad y gocen de buena salud, realizan este “sacrificio”, aunque los enfermos y embarazadas puede abstenerse. Durante el Ramadán, los musulmanes también realizan obras de caridad y ayudan a los más necesitados de su comunidad, como una forma de compartir las bendiciones que han recibido.

Pero hablemos de comida. Una vez le dije a mi amigo lo obvio: si yo ayunara todo el berraco día, cuando cayera el sol y ya pudiese comer nuevamente, me atiborraría con viandas de Medio Oriente. Empezaría con agüita y dátiles, como es clásico, para rehidratarme; seguiría con arroz con cordero, cuscús, kebabs, curry, tabule, sopa de lentejas, y terminaría engullendo de postre unos veinte baklavas (unas capas de hojaldre deliciosas rellenas de pistachos y bañadas en almíbar). Él, con su paciencia legendaria, me explicó que, aunque algunos musulmanes optan por comer una gran cantidad de comida al romper el ayuno, la mayoría come con moderación para enfocarse en la espiritualidad y las reflexiones que el mes sagrado trae consigo. Tengo mucho que aprenderle.

La dieta musulmana tiene ciertas restricciones. El consumo de carne de cerdo, por ejemplo, está estrictamente prohibido, ya que aseguran que los porcinos portan parásitos y enfermedades que se transmiten a los humanos (lo cual es técnicamente cierto).

Es común que familias y amigos se reúnan para compartir la comida nocturna después de la puesta de sol. En algunos países hacen bazares nocturnos durante el mes sagrado para que las personas puedan comprar comestibles y otros artículos. El final del Ramadán se celebra con una fiesta de tres días llamada Eid al-Fitr o fiesta del fin del ayuno, en la que se visten con sus mejores ropas, intercambian regalos y comparten comida. Esta celebración marca el final del ayuno y el inicio de un nuevo mes lunar. 

Respeto profundamente esta costumbre, encuentro sus objetivos inspiradores, y algún día lo intentaré, a pesar de mi ateísmo, a modo de experimento.


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