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Opinión / ABRIL 26 DE 2023

El último día de mi vida

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hace días leí una frase que puede ser muy común, pero que, tal vez, pocas veces había reflexionado sobre ella. “Vive cada día de tu vida como si fuera el último”. Me puse a pensar realmente que sería lo que haría si fuera mi último día.

Eran las 6 de la tarde en ese momento y pensé en ¿qué pasaría si realmente fuera mi último día y solo me quedarán unas horas?, tenía que pensar entonces que de ese último día ya había vivido muchas horas, ¿será que lo que había hecho era lo que me hubiera gustado hacer ese último día? ¿Será que mis acciones de ese momento habían tocado a alguien de manera positiva y desde el amor? ¿Si logré existir desde mi propósito? ¿si disfruté al máximo ese día? 

Luego de interrogar cada proceso empecé a entender que algunos de mis interrogantes eran creencias irracionales que me generaban la sensación de tener que hacer algo divertido o que tuviera que ver con el disfrute, esto realmente no era lo más importante, sino el aprendizaje que podría generar en el proceso, ya que si fuera mi último día lo que tendría que contemplar era el proceso de mi vida completo. 

Si lograra calificar solo ese día tal vez también me sentiría bien con lo que hice y pude entender que sea lo que sea que hiciera lo más importante era entender mi existir y acabar con el miedo, no vale la pena vivir con temor y miedo a lo que vendrá, miedo a morir o al fracaso, no vale la pena dañar o dejar de existir ni un instante solo por pensar en lo que vendrá.  

Como les decía ahora, en ese momento ya eran las 6 de la tarde y pensé que muchas de las cosas que había hecho más temprano serían propias del último día de mi vida, estuve entrenando, estuve trabajando un rato, hablé con varias personas importantes en mi vida, comí lo que quise ese día sin culpas y en ese momento me encontraba en un lugar de conexión natural donde no tenía señal del celular y no tenía redes sociales ni la posibilidad de hacer una llamada. 

Esta posición de aislamiento con el mundo me puso a pensar si llamaría a alguien para despedirme y tal vez la respuesta es que no necesitaba una despedida cuando lo mejor había pasado con cada uno de ellos. Lo mejor de todo es que al estar sin redes sociales no iba a perder ni un segundo de este último momento para ver las vidas de otras personas, ni observar fotos, videos, historias de vidas que muchas veces son solo falsas sonrisas, mecanismos de compensación de inseguridades y falsas espiritualidades. 

Tal vez lo último que haría si fuera el último día de mi vida sería abrir mi celular, preferiría comer algo rico, hacer el amor, escuchar la voz de mi pareja diciéndome algo al oído, tener una sensación de tranquilidad y abrirme a la consciencia del microsegundo para vivir al máximo mi corta existencia. 

Después de este ejercicio comprendí mucho más mis prioridades a la hora de vivir y espero que tú, al leer, comprendas que la vida es más linda si la encuentras y entiendes la oportunidad que tienes al vivir el aquí y el ahora.


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