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Opinión / FEBRERO 27 DE 2024

En manos de la delincuencia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La constitución política de Colombia establece en su artículo 48, lo siguiente: La seguridad social es un servicio público de carácter obligatorio que prestará bajo la dirección, coordinación y control del Estado, además entre muchísimas consideraciones, garantiza el derecho a la seguridad personal, seguridad que deben hacer respetar las autoridades establecidas para tal efecto.

Con notorias dificultades por el manejo poco ortodoxo y desorganizado, el gobierno no ha logrado un mínimo de coherencia, con el fin de conseguir una reforma a la salud y pensional moderna y universal.

No es menos grave el manejo, de la francamente aterradora inseguridad en ciudades y campos del país: el hampa se viene apoderando de las ciudades y urbes como Bogotá, como una verdadera pesadilla para los ciudadanos, en cualquier lugar y a cualquier hora; otras ciudades viven el mismo padecimiento, muy a pesar de que ha aumentado el pie de fuerza policial, suficientemente dotados de armas y elementos de disociación.

La paz total en el campo se está volviendo una quimera, primero porque las conversaciones de paz con el ELN, se ven interrumpidas por los continuos incumplimientos de muchos insurgentes, y en segundo lugar, porque el gobierno no cumple estrictamente lo ordenado por el acuerdo que firmó el Estado con las Farc en el teatro Colón, con el agravante de que fuerzas oscuras, vienen eliminando a los antiguos combatientes.

No puedo negar que hay un ambiente enrarecido en las grandes ciudades por el aumento vertiginoso de la inseguridad, como lo vemos cotidianamente como pan de todos los días; los alcaldes se reúnen con las otras autoridades, se organizan planes, se dicen muchas cosas por los medios de comunicación, pero el fenómeno vuelve a repetirse a pesar de las hondas preocupaciones de los jefes de la policía, pero la verdad palmaria es que el país está en manos de la delincuencia.

Como ya lo he escrito en otros textos, no es nada nuevo afirmar que mientras existan las barriadas de seres en condiciones infrahumanas, es muy difícil que podamos rebajar los índices del hampa, pero, ¿acaso no estamos en el gobierno del cambio ? ¿ acaso no están prestando ayudas sustanciales a esos sectores?

No es del caso en esta nota, entrar a fondo en la criminología, desde luego existe otra teoría que habla de la maldad existente en el fondo del corazón del criminal, no motivado por razones económicas, sino de criminalidad nata, con otros fundamentos y otras razones.

Por lo que fuere, le corresponde al gobierno garantizar la tranquilidad del ciudadano y la seguridad de él y de sus familias; resulta insoportable observar asesinatos y atracos infames contra personas indefensas, y mucho peor, que el criminal salga de la cárcel casi enseguida. Es una situación insostenible.

***

Lucelly García de Montoya.

La distinguida líder fue una de las pocas congresistas que dedicó su vida al servicio de sus conciudadanos; desde muy joven su carisma era servirle al prójimo, y no dejó de hacerlo hasta el infame y aleve crimen que segó su valiosa vida. Fue una mujer superior a su tiempo, cuyo aniversario de partida nos vuelve a doler en el alma.
 


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