Opinión / SEPTIEMBRE 14 DE 2020

J. Baena, la voz en el paisaje

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Autor: Antonio Valencia Salazar

En la existencia y en el vaivén estremecido de la sensibilidad, aparecieron los amigos que germinaron en el corazón; y en la flor iluminada de la vida, jamás fueron desojados como los pétalos de la margarita.

Hombres buenos en el paisaje de Quindío fueron compañeros de viaje y de tertulias, Jairo Baena Quintero, Hélmer González Marín, Jorge Alzate García. Ellos anidan en el alma, palpitan en la sangre por la certeza de una amistad sin sombras, compartida en los vaivenes de la suerte, en la poesía, en las letras literarias, en el periodismo. Espíritus entregados de lleno en la creación de la belleza, sencillos en  sus expresiones vernáculas, pero también recios en la hegemonía moral de la raza. Hombres forjadores de los prolegómenos de la cultura que hoy se fortalece con el concurso de nuevas generaciones de artistas, escritores y poetas en una tierra por mil aconteceres humanos, bendita.

Hélmer González tenía el alma del intelectual puro. Como en la novela de José Eustasio Rivera apostó a la suerte y el azar le ganó la partida. Alto poeta, sensible, delicado, escritor de prosa fácil, dejó inédita su novela Los cuernos del diablo. Lo trágico de su existencia lo arrebató muy joven del mundo literario y se frustró una promesa cierta de las letras quindianas. Jorge Alzate García era un manojo poético de nervios creadores. Su revista Albores hizo época en Armenia y la parca lo llevó a sus imperios truncando su juventud de poeta de alta inspiración.

De Jairo Baena Quintero aprendimos la parábola de la vida creadora. Nació en Montenegro el 19 de agosto de 1923 y su periplo vital fue la proeza del artilugio literario. Poeta en el mejor sentido de la palabra, deja varios volúmenes con sus versos de inspiración comarcana. Conocemos su ligera biografía de Carlos Mazo, que trajo al Quindío la semilla de inspiración contagiando de entusiasmo feérico a no pocas generaciones, y nacieron los felibres. Pero además, fue un artista del lápiz y del óleo. A nuestras manos llegaron en su momento las ilustraciones de Jairo Baena Quintero para no pocos volúmenes de prosistas regionales y sus propias obras que tanto hemos releído y apreciado.

Fue el amigo, el compañero de veladas espirituosas, hizo célebre su saludo de “coleguita” y derrochó simpatía por todo lo bueno o poco que tiene la existencia.

Hoy lo recordamos en su onomástico que allá en la eternidad celebrará con tantos otros “coleguitas” que le dieron lustre cultural al Quindío. En mora está recoger su producción literaria, sus libros, su periódico El Comunero nacido en su tierra natal en los albores de la revolución cubana con Fidel Castro a la cabeza; su periódico de sus últimos años Claridad y con todo este valioso arsenal, intentar su antología para enriquecer la biblioteca de autores quindianos. Jairo Baena Quintero sin dudarlo es la voz en el paisaje regional.

Tardíos estamos también de hacer este homenaje claro y merecido.


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