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Opinión / SEPTIEMBRE 12 DE 2022

La amistad auténtica

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Se contemplan en abundancia corazones y adornos, que dan cuenta de la celebración del amor y la amistad. Es septiembre pululan los detalles, el juego del amigo secreto, manifestaciones de afecto y un ambiente de abrazo y encuentro. Son hermosos los regalos y costumbres asociadas a esta celebración, que pinta de rojo las vitrinas, creando una atmósfera de romance y alegría. Más allá de esto, es buen momento para precisar en qué consiste la auténtica amistad y porqué es importante.

Es un asunto que reviste profundidad, pues la dimensión social del ser humano es esencial para su desarrollo y la consolidación de una personalidad empática y colaborativa. También para ser felices, pues en la soledad, muchas veces abunda la tristeza. Fue el filósofo Aristóteles quien propuso los elementos que identifican una relación de amistad verdadera. 

El primero es hacer el bien. Por ello se ha señalado que solamente entre personas honorables puede existir amistad, pues entre malvados lo que habría sería complicidad. Obrar lo que es bueno, socorrer en momentos difíciles, crear oportunidades, es parte de lo que debe hacerse por aquel a quien se profesa este sentimiento.  No se trata solo de divertirse, también es fundamental una mutua edificación, aportarse para progresar en el camino de la existencia. 

El segundo es “querer que el amigo exista y viva por el amor de su propio amigo”. Esta condición, que parece confusa, se refiere a los buenos deseos hacia el destino del otro y también a la profundidad de los sentimientos. Es un tipo de amor que se acerca al filial y familiar, profundo, leal, duradero e invencible y por eso deja una honda huella en el alma. 

El tercero es pasar tiempo con el amigo y elegir las mismas cosas que éste. Adaptado al momento, tiene que ver con crear espacios para compartir, saber cómo está, escuchar lo que le ocurre y, en general, tener dedicación y afecto.  El otro punto puede ser discutible hoy, cuando la libertad, individualidad y autonomía, revisten gran valor. Sin embargo, si bien no siempre se toman idénticas elecciones, es importante establecer acuerdos y en algunos casos, tomar decisiones compartidas. 

El cuarto es compartir alegrías y penas. No existe auténtica amistad cuando solo se tiene disposición para la dicha. Es menester acompañar en la enfermedad, duelo y angustia, en la preocupación y el dolor, en la mitad de la incertidumbre. El abrazo del amigo, cuando tenemos agobiado el corazón, en verdad conforta. La invitación es enfocarse en ser un auténtico amigo y buscar, valorar y conservar a quienes nos ofrezcan esta forma de amistad, porque es un tesoro tan hermoso como escaso y porque quien tiene auténticos amigos, jamás estará solo. 

Concluye el filósofo: “No hay amistad si no existen condiciones de igualdad, semejanza de virtud y reciprocidad entre los amigos; donde cada uno desea el bien para el otro, tanto como para sí mismo”. (A Libia Gutiérrez Valencia).


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