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Opinión / OCTUBRE 30 DE 2019

La caja viajera del café I

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Corría por ese entonces el año de 2011 y de repente ante mi existencia encontré a uno de esos seres maravillosos que agitan la vida, que le dan aroma con sus palabras, allí estaba un señor, un señor de señores, nunca imaginé que al encontrarme de manera fortuita con este caballero, ese instante  marcaría  mi vida de una manera maravillosamente bella y además sería recibir de manera primitiva  una  chispa de lo que hoy, casi 8 años después,  se está convirtiendo en uno de los íconos más importantes de toda la historia del café en el mundo.

El señor de señores, el que un día me regaló su amistad, después de asistir en dos momentos donde yo desarrollaba conferencias que en ese momento fueron las precursoras de la puesta en escena que hoy recorre a Colombia y el mundo, se llamaban Café y Amor, un espacio con varias mesas juntas donde se acomodaban diferentes elementos todos ellos relacionados —tostadora, molinos, cafeteras, tazas, platos, cucharas y en fin todo lo que se requería para encantar a los asistentes con nuestra más bella pepa.

Este señor de señores, después de varios encuentros, al terminar una de mis presentaciones y en medio aún del aroma de café que se había tostado, molido y que se sirvió para los asistentes, de repente se acercó y me pidió que si era posible que luego en unos días adelante pudiera suministrarle a él una caja de cartón pudiera ser y que en ella tuviera los elementos solo para preparar dos tazas de café para él y un amigo que lo visitará en su oficina o en su casa, recuerdo que no presté mucha atención a esta petición y además la olvidé, pasó un mes aproximadamente y de nuevo y en otro lugar de repente con su danza de la vida me mira a los ojos y me pregunta: ¿Y de mi caja qué, cómo va, ya la tiene lista? Les confieso que me sorprendió, Dios mío, lo había olvidado por completo, sentí una pena y le respondí que me disculpara, que me comprometía en ese momento para que su pedido de la caja fuera entregada en las próximas semanas. Me pregunté, Nicolás, ¿una caja de cartón, para depositar elementos que le permitan a él cumplir con su propósito?, la respuesta fue, no , de cartón no puede ser, mejor buscaré algo que esté más acorde y me dirigí a una ferretería de Armenia, ingresé y una dama me atendió y le pedí el favor de permitirme una caja de herramientas en tres tamaños que había, la mire por fuera y por dentro, esto no me tomó mucho tiempo y la que vi de primera fue la que  llevé a casa. Ese fue el primer insumo para luego tomar varios días y preguntarme mirándola por dentro que voy a colocar allí? Tengo la fortuna de tener dos hijas, mi hija mayor que se llama Ana Milena y la menor María Paula, a ellas les había comentado que un amigo, que además  conocían por mí, me había pedido que si era posible suministrarle  una caja y que con ella él pudiera cumplir con el propósito de preparar dos tazas de café.


Nicolás Uribe 


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