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Opinión / NOVIEMBRE 01 DE 2019

La caja viajera del café II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Pasaron los días y en una noche de luna los compartimientos de la caja, que son en total siete, se empezaron a llenar en una danza armoniosa, cada espacio estaba destinado para ser ocupado de forma muy personalizada —por su tamaño, forma y funcionamiento— por la cafetera, molino, tazas, platos, cucharas, perol, agua, café, fuego, telas, entre otros. 

La magia de este pequeño baúl se llenó de sentido y estaba casi listo, solo con algunas modificaciones que se dieron posteriormente en el viaje sin pausa y sin prisa, este viaje que de una manera tímida me llevaría a las montañas y a los puestos del mundo para vivirla como los pasos vividos de los Ítaca, imaginar lo que ha pasado con esta caja, jamás, los primeros pasos fueron tan pueriles, llenos de una simpleza total, más cada viaje fue dando una riqueza maravillosa a lo que hoy se ha denominado la cultura del sentimiento, una Caja Viajera del Café que presenta un ritual sobrecogedor de emociones, sentimientos y vida, una máquina del tiempo que nos transporta a vivir de nuevo los momentos más memorables de nuestra existencia y sentir el aroma de todos y cada uno de los seres humanos que nos han aportado su tiempo y su amor, sus canciones y poemas, cuántos abrazos y cuántos te amo, sus historias, su conocimiento y alegrías sin fin, en este ritual se hace presente nuestra historia personal, humana, en medio de esta puesta en escena está vivo cada niño que nace, cada puesta de sol y cada noche oscura del alma, es un momento contemplativo donde el tiempo se detiene para la palabra, el fuego y la música, en un momento mágico sin pausas y sin prisas.

Siete años viajando por Colombia y por el mundo, niños jóvenes y adultos de todas las razas y religiones se han sentado alrededor de este ritual para vivirlo como hermanos de una misma madre, la Tierra. Los niños fueron, son y serán el mayor objetivo, son ellos todas las razones para valorarlos, apreciarlos, contemplarlos y verlos como seres humanos excepcionales.

La gratitud me congrega para aprovechar en este momento que nacen estás palabras, todas ellas de mi corazón y poder decir, Camilo Cano Restrepo, muchas gracias, no solo por ser el precursor de una idea que fue a parar a una caja mágica que viaja por el corazón de seres humanos, sino por ser un hombre que es un señor y un ciudadano ejemplar de Armenia.

Sin él, a esta ‘Ciudad Milagro’ le faltaría el aroma del paso de su existencia.

Como gestor de La Caja Viajera del Café, quiero comprometer el resto de mi existencia, Camilo Cano Restrepo, a continuar con esta, nuestra caja donde habitan los sueños mágicos de esta patria colombiana para esparcir el aroma de café por las escuelas rurales y por los rincones del mundo.


Nicolás Uribe


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