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Opinión / JUNIO 06 DE 2022

La Floresta

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El Quindío es en verdad un encanto, como pudo recrearse en la película de Disney que muestra sus preciosos parajes y algunos elementos de nuestra cultura: el amor por la familia, la gastronomía, el espíritu alegre y la relación con la naturaleza. La magia vive aquí, en este rincón de Colombia: en el Valle del Cocora y en cada uno de los municipios que poseen identidad y atractivo particular.

Ese encanto cuenta con secretos bien guardados, pues un viajero puede elegir cualquiera de las vías intermunicipales o interveredales y en la mitad del paisaje matizado con un verde de muchas tonalidades y salpicado con el rojo de las heliconias, encontrarse con lugares incomparables.

En territorio calarqueño, en los dominios ancestrales del Cacique Karlaká, duerme un secreto que cuando se revela ante las pupilas, embriaga los sentidos y cautiva el alma… Se trata de la Vereda La Floresta, ubicada a pocos metros de la estación de servicio El Pescador, que se localiza cerca al ingreso a la Cuna de Poetas, sobre la vía que conduce a ella desde la capital del Quindío.

Es un recorrido suave y cadencioso que permite desde una caminata disfrutando del oxígeno más puro, hasta un desplazamiento a lomo de caballo o un viaje en cualquier vehículo automotor. Cuando se entra, es como ingresar a un universo fantástico – a tan solo unos kilómetros del casco urbano –. La presencia de cantidad de aves permite disfrutar no solo de su avistamiento, sino también de una sinfonía sin igual.

Muchos animales habitan allí, en un ecosistema protegido por un clima perfecto y una comunidad enamorada de su territorio: zorros y guatines se dejan ver con naturalidad, sabiéndose privilegiados por vivir en tan precioso lugar. Cantidad de actividades pueden desarrollarse en la vereda, desde disfrutar un descanso maravilloso en fincahoteles, dotados de bellas instalaciones inspiradas en la arquitectura tradicional, de amplios pasillos, hermosos balcones y brillantes colores que irrumpen como obra de arte caprichosa en medio del exuberante verde.

También se pueden disfrutar preparaciones de exquisito café, actividades al aire libre y paseos a pie o a caballo por senderos que sorprenden en cada recodo con una hermosura sin precedentes. Se producen plátanos y cítricos, el café rebosa en el blanco de la florescencia y el rojo maduro de la cosecha y la miel – dulce y pura –, que se elabora de manera sostenible y mística, hacen que una visita a la Floresta se convierta en una experiencia memorable… 

Privilegiados los quindia-nos que podemos emprender un viaje hacia cualquier sitio de nuestro departamento, pequeño en extensión, infinito en posibilidades.


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