Opinión / DICIEMBRE 06 DE 2009

La imagen que afrontamos

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La pésima fama que nos afecta a los colombianos en el exterior, genera todo tipo de paranoia y complejos de persecución entre nosotros mismos y peor aun en las autoridades encargadas de ejercer los controles en carreteras, aeropuertos, fronteras y demás sitios que de alguna manera deben utilizar nuestros viajeros para salir del País.

Para ellos todo el mundo es sospechoso, en nadie se confía y cada quien debe proveerse de los papeles o documentos que soporten las razones por las cuales se entra o se sale del país. Lo peor, es que se olvidan los modales y antes que se presuma la buena fe, las autoridades se encargan de sindicar con su modo despectivo, acusador y mal encarado, a quien requieren para que se identifique y atienda los requerimientos de control, que bajo condiciones normales, deberían transcurrir con la mayor cordialidad y amabilidad. La ley determina que todo el mundo es inocente, mientras no se le demuestre lo contrario. Pero en el caso de tales autoridades acontece todo el concepto contrario: Todo el mundo es culpable, mientras éste no demuestre lo contrario. Lo normal, es que sean las autoridades las que demuestren tal culpabilidad, cuando hay evidencias de la comisión de un delito.

En todo caso, los buenos modales y el buen trato, jamás deben dejarse de lado, menos aun, tratándose de asuntos rutinarios de control, que recaen tanto en viajeros oriundos de nuestro País o en turistas que de alguna manera le representan muchos asuntos de interés e importancia no solo en recursos económicos, sino en muchos otros aspectos, como su imagen, la que tanto luchan los organismos correspondientes por rescatar ante el mundo. Se supone además que en tales controles, deberían ser las autoridades, las que se encarguen de disponer de los mecanismos correspondientes y  la logística adecuada, para lograr efectividad en los mismos y ante todo, procurar el mínimo de incomodidad y de perjuicios al viajero.

Los comentarios anteriores, se hacen a propósito del mal rato que algunos agentes del Aeropuerto Palmaseca de Cali, al mando de un sargento, le hicieron pasar a un hermano de este servidor, quien a finales del pasado mes de octubre se vino desde España para asistir a las honras fúnebres de un hermano fallecido en Manizales y quien debía regresar a principios de noviembre para reintegrarse a su trabajo normal en Madrid donde reside. Luego de hacérsele todo tipo de interrogatorios, sobre su corta estadía, su doble nacionalidad, por cuanto él ya lleva 20 años viviendo allí,  de hacérsele sentir todo tipo de incomodidades, de requerírsele hasta  por el certificado de defunción del hermano fallecido (¿que norma estipula que este documento lo deben portar todos los dolientes?), se le trasladó hasta para Palmira para forzarlo a practicarse una radiografía por la cual se le exigió el pago de los honorarios respectivos, hecho también injusto, pues se supone que estos trámites los deben financiar quienes los ejercen o los imponen .

Desde luego, todo transcurrió finalmente con balance positivo, pues las sospechas eran infundadas para el y afortunadamente alcanzó en el punto extremo a abordar el avión dentro de su itinerario, por el cual de seguro menos le habrían respondido los controladores de marras en caso de haberlo perdido.

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