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Opinión / FEBRERO 15 DE 2024

La lectura y el tiempo

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La idea es del escritor argentino Andrés Neuman: «Leer es una fábrica de tiempo». Con ella el autor propone conjurar la queja común de la falta de minutos en nuestras atareadas existencias para dedicarlos a leer, y con su habitual ingenio expresa: «En general decimos “No leo más porque no tengo tiempo”, pero en realidad cuando estamos leyendo ganamos tiempo. Tenemos la sensación, después de dedicar una hora o dos a la lectura, de que el día se detuvo o que multiplicó sus niveles, como si en una hora pudieran suceder más vidas que la tuya. Uno cierra el libro y de pronto siente que el tiempo se hizo más denso, que ese tiempo no se fue, que ese tiempo aumentó de posibilidades. Así que cuanto más lee uno, más tiempo siente que ha ganado». 

Tema fascinante y complejo dentro de las teorías y estudios literarios, el tiempo ha merecido sesudas reflexiones y se ha convertido en un tema insoslayable para creadores, aprendices, académicos y lectores agudos. Quizás sea en el campo de la narrativa, en particular en el género cuento, donde mayor atención se le ha prestado, dando lugar a consideraciones que definen su singularidad formal y estilística. Para la cuentista argentina Ana María Shua «El cuento puede resumir en una línea la historia de la humanidad, pero también puede contar en varias páginas un instante clave o banal de una sola vida.» 

¿Qué es lo que hacemos al leer un cuento sino perdernos en el tiempo? Al margen de lo eminentemente teórico y estructural, objeto de estudio y práctica para los aspirantes a cuentistas, los lectores nos relacionamos con el tiempo de los relatos más desde lo metafórico y simbólico. De esta forma nos vemos desplazándonos en el tiempo histórico a la Rusia profunda en los cuentos de Chejov; nos internamos en el tiempo cerrado y asfixiante de algunos de los relatos de Kafka; abrimos el sofisticado mecanismo de temporalidad interna que proponen ciertas historias de Borges y Cortázar; y padecemos la sequía atmosférica y el tiempo sofocante que todo lo ralentiza en los cuentos de Rulfo.  

En su Filosofía de la composición, Edgar Allan Poe, maestro indiscutible de la forma y el estilo del cuento moderno, propone el principio de la “unidad de efecto” que, entre otras cosas, implica que la lectura de un cuento debe poder realizarse en “una sentada”, sin interrupciones. Siempre que pienso en este concepto, viene a mi mente ese cuento paradigmático en el manejo del espacio temporal que es Continuidad de los parques, de Cortázar, quien además de traducir inigualablemente a Poe, también dejó un importante corpus teórico alrededor del cuento. 

En este 2024, los 110 años del natalicio y 40 del fallecimiento de Cortázar serán un buen motivo para revisitar su obra. Los lectores que entramos al mundo de la literatura por sus cuentos, que para muchos han envejecido mejor que las novelas, podremos recuperar el deslumbramiento inicial en la relectura, siempre con la convicción de estar ganando tiempo.   
 


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