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Opinión / AGOSTO 08 DE 2022

La patria de nuestros muertos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En los años setenta, en el Rufino de la década de las luces, el Rufino de Omar Quintero, Olga Guevara, Libardo García, y Braulio Herrera, el Rufino que convirtió nuestro cerebro en un mar de caminos abiertos, ese Rufino donde empezó nuestra lucha y aprendimos a apostarle a la vida, hoy más que nunca, con el pacto de los  nuevos vientos, se aviva en nuestras almas, que son muchas, la esperanza. En los ochentas, la universidad del Quindío fue nuestra casa. A los muchachos de entonces, nos separaban las carreras, pero nos unían la rabia, y el deseo de una patria mejor, una patria humana y justa. Con esa esperanza, aprendimos a cantar a Víctor Jara, Mario Benedetti, aprendimos a amar al Che Guevara y al padre Camilo Torres. Aprendimos que la vida es mucho más que una carrera de lingüística, o de medicina, que es mucho más que un empleo, un carro, una casa, y un hijo. Aprendimos a cantarle a la utopía.

El poema de Benedetti, Por qué cantamos, era nuestro himno. “Cantamos porque creemos en la gente / y porque venceremos la derrota”

Hoy cincuenta años después, vencida la derrota, llega el presidente que queríamos, se inicia otra utopía. Cincuenta años de lucha, de calabozos y torturas, cincuenta años de rabia contenida, de cuerpos apaleados, de lágrimas cantadas, de hombres enjaulados, de muertos indolidos, le hallo más sentido al poema que cantábamos, “Cantamos porque los sobrevivientes / y nuestros muertos quieren que cantemos”. Quienescantábamos, declamábamos y hacíamos teatro, quienes luchamos en la construcción de la patria que hoy toca nuestras puertas, tenemos que cantar por todos los muertos, los de un bando y los del otro, que no son más que hijos, de obreros y campesinos, trabajadores como nosotros. Otra canción con la que lloramos, cuando  la mala hora llegaba, cuando los gritos de los amigos torturados, retumbaban, porque teníamos la sombra de los barrotes marcada en las espaldas, todavía la cantamos, “Por el amigo que está preso, porque  ha dicho lo que piensa” “Por los hijos que te matan / yo te nombro libertad” Yo te nombro, inspirada en el poema  Liberté de Paul Eluard, musicalizada por Pagliaro, cantada por Nacha Guevara , la cantábamos con Carlos Alberto, porque nos desahogaba, porque nos retrataba escribiendo consignas en la oscuridad, reuniéndonos en los sótanos, preparando la esperanza, soñando mundos posibles, ese canto nos ayudaba a soportar el golpe en los testículos, el hambre, el frío, la bala en el pecho del amigo, porque nos alimentaba la utopía.

Esa esperanza, con los nuevos vientos que tocan nuestra patria, espero no la perdamos. La patria de nuestros muertos, de nuestros sueños, la patria de Bernardo Jaramillo, de Pardo Leal, de Carlos Pizarro. La de Álvaro Ulcué Chocué, sacerdote indígena, y Arturo Alava, profesor universitario, muertos por las balas del estado. Espero que esas muertes no hayan sido inútiles, que la utopía responda a nuestros sueños, y sea grande la patria por la que luchamos.
 


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