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Opinión / MAYO 15 DE 2023

Las antorchas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El fuego tiene una fuerza avasalladora, representa una energía creadora, capaz de darle vida a cosas preciosas, es la sustancia que permite que ocurran procesos asombrosos, que transforman la materia y la purifican. En él se forjan los diamantes y también con su ayuda se prepara el más exquisito alimento.

Donde hace frío, una hoguera disipa la neblina y aporta tibieza. Cuando existe penumbra, incluso una pequeña luz difumina las sombras y enciende la esperanza.

Así es el poder, magia creadora y capacidad de este elemento, que se puede presentar de varias maneras: desde una llama minúscula que titila en una vela, hasta una antorcha potente, que acariciada por el viento, produce mucha luz y calor, contagia fuerza.

Hoy 15 de mayo, Día del Maestro, resulta oportuno recordar y rendir un merecido homenaje a esos seres humanos que en el corazón de la sociedad son como el fuego, verdaderas antorchas de conocimiento, esperanza y alegría; auténticas fuentes de inspiración, lumbres potentes que con su sola presencia en las comunidades, tanto urbanas como rurales, crean una diferencia y se convierten en fuente de muchas cosas positivas para las personas, en auténticas semillas de transformación humana y social, en una fuerza que vibra, estremece y contagia.

No son llamas pequeñas, son antorchas fulgurantes con la capacidad de inspirar a todos alrededor y crear auténticos y magníficos incendios, que se comunican de mente en mente, de corazón en corazón, de pensamiento en pensamiento, para hacer de este mundo un lugar mejor.

Este día –y todos–, tendríamos que enfocarnos en rendirles un homenaje sentido a estos hombres y mujeres que con su pasión por las matemáticas, su gusto por el lenguaje, su conocimiento de la historia, su capacidad para la geografía, su convicción por la ética, su entrega a la formación humana, su habilidad para la química, su habilidad para la actividad física y en general, tantos asombrosos talentos, ejercen la misión más noble e insustituible: la de formar a las nuevas generaciones, conducir sus mentes, fortalecer su corazón, encauzar sus ideas, canalizar sus inquietudes y en general, convertirse en personas, en la acepción más auténtica de la expresión.

Todos llevamos en el alma y en la historia esa huella imborrable e inconfundible de los maestros y maestras que condujeron nuestra mente y espíritu, para hacer de nosotros quienes somos hoy. Por eso, es justo mencionar a Miriam Ortiz de Alzate, quien tomó mi mano para dibujar los primeros números y letras, quien todavía hoy me inspira con su integridad, buen ejemplo, sensibilidad social y entrega generosa a las comunidades. También es preciso reconocer la labor de Emelia Peña Guerrero, Profesora de Literatura, escritora consagrada, impecable mujer y talentosa docente, que más que permitirme conocer a muchos y magníficos escritores, me legó su pasión por la palabra y ha iluminado mi proyecto de vida.

Sería necesario llenar un libro completo con los nombres de todas esas antorchas vivientes, luminosas, sorprendentes, impactantes, que nos han encendido en su paso por nuestra existencia y se han ganado con honor el mejor título de todos, el de ser Maestros.


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