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Opinión / ENERO 08 DE 2023

Las fallidas decisiones

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Retomo con satisfacción esta columna que vengo publicando de forma continua desde el primer año del presente siglo, en la nueva etapa que ha emprendido con el inicio de año, en este apreciado diario de los quindianos con mis mejores deseos para que siga avanzando como el gran medio de comunicación de la región. Muchos éxitos y enhorabuena.

Uno de los mayores y más influyentes pilares de la administración, es sin lugar a dudas el apropiado manejo del sistema de comunicaciones de toda organización, tanto con los clientes internos (personal vinculado laboralmente o por prestación de servicios), como con los clientes externos (proveedores, clientes, competencia, institucionalidad y la población en general). Indispensable para mantener la armonía, las mejores relaciones, la buena imagen de la organización, evitar al máximo los conflictos por malos entendidos, entre todo tipo de situaciones que tiendan a complicar el buen funcionamiento de la empresa. En el caso de un país, esta imperiosa necesidad se torna aún más trascendente por todas las implicaciones que representa frente a las diferentes instancias del Estado que sabemos incluyen tanto al gobierno como a su población, la normatividad y todos sus recursos disponibles. Igual frente al mundo, con las consecuentes afectaciones sobre su economía y su estabilidad política e institucional.

Lo que ha sucedido con Colombia en los escasos 5 meses que lleva el actual gobierno de Gustavo Petro, con anuncios trascendentales que dejan una clara sensación de improvisación, descoordinación, desconocimiento de la legislación vigente, incluso de la Constitución, de un afán desmesurado e inconveniente de protagonismo, sin medir las consecuencias, han generado la necesidad tanto en el propio presidente, como en sus principales miembros de gabinete, a hacer las correspondientes aclaraciones, en la mayoría de las casos, pretendiendo justificar lo injustificable, mostrar como razonable lo que no es y tratando de acomodar forzosamente las fallidas decisiones a los hechos que supuestamente les dieron origen. Desde luego, lo anterior no es de extrañar, pues incluso desde la campaña electoral, fueron muchas las ocasiones que debió Petro como candidato salir a desmentir, desautorizar declaraciones de algunos de sus coequiperos, llegando hasta el extremo de retirar a otros del proceso.

Pero es más grave lo que ahora le sigue sucediendo en su calidad de presidente. Los dos últimos casos para no regresar a lo que ya la opinión ampliamente ha conocido de meses anteriores, hacen referencia al fallido reemplazo de los aviones cazas Kfir y al presunto acuerdo con el ELN para decretar cese bilateral al fuego por seis meses. En el primero que adquiere más gravedad cuando toma una decisión que antes en la oposición criticaba y se oponía según él, por supuesto despilfarro de recursos oficiales, increíble cómo sus inmediatos asesores no le ponen al tanto que la norma Conpes que autorizaba la operación se vencía el 31 de diciembre pasado y por ende la negociación no era viable con el escaso tiempo disponible. 

Un verdadero oso ante el mundo y los proveedores que para nada hablan de la seriedad de nuestro país. Y en el caso del ELN, obvio que hubo una grave falta de comunicación, pues por obvias razones no es lógico suponer o deducir sin clarificar y concretar previamente con la otra parte en cuestión, un presunto acuerdo por el solo hecho que este lo haya aparentemente sugerido, tal como lo expresó con tan pobre argumento el ministro del interior para pretender justificar la reversada decisión. Es de esperar que las experiencias vividas, lleven al gobierno a revisar su sistema de comunicaciones y de toma de decisiones, para evitar tanta equivocación que  solo demuestra incoherencia, genera incredulidad y falta de confianza. En el segundo caso comentado, el gran damnificado es el proceso hacia la anhelada paz total que se complica con este tipo de yerros garrafales, ya que le dan al contrincante nuevos ases bajo la manga.


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