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Opinión / ABRIL 23 DE 2023

Leyenda del río De la Vieja

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“A la parte caminan del oriente donde su voluntad los aconseja, y el Capitán Miguel Muñoz con gente al río que llamaron de La Vieja. Por una con quien dieron de repente, llena de espesas rugas la pelleja, pero con tantas joyas su persona. Como si fuera moza fanfarrona. No porque la pintó natura fea, más el tiempo troncó formas primeras, y ansi suplía lo que ser desea. Con brazaletes, collares y orejeras; cinta de oro batido la rodea. El vientre, los ijares y caderas, las cuales joyas en ajenas manos. Pesaron ochocientos castellanos. Luego Miguel Muñoz la desembarga, debajo de clemente mansedumbre, con lástima de ver edad tan larga. Traer a cuestas tanta pesadumbre: más él no rehusó llevar la carga ni de subir con  ella por la cumbre. Y ansi volvió con muestra placentera. Adonde Belalcázar los espera “.
 

En los años del descubrimiento del río Cauca en el occidente colombiano, los cronistas cuentan lo acaecido cuando llegaron los españoles a las tierras de los indios quimbayas, en las riberas del río que ellos llamaron río de la Vieja entre Cartago y Pereira. En busca del El Dorado hacia el norte de Quito, el conquistador Sebastián de Belalcázar organizó dos expediciones, al mando de los capitanes Pedro de Añasco y Juan de Ampudia, en 1535.  Estas expediciones recorrieron las tierras de los indios quillacingas, pastos y los aborígenes del Valle del Patía, quienes hicieron volienta resistencia.  La táctica de los conquistadores fue quemar los poblados indígenas que encontraron a su paso.

La hueste hispánica de Añasco y Ampudia continuó hacia las tierras de los indios pubenses y tomando la vía por el río Cauca, llegaron hasta las tierras del cacique Jamundí. El capitán Juan de Ampudia fundó la que se llamó Villa de Ampudia, que se convirtió en el centro de actividades para la conquista del occidente colombiano.

Belarcazar organizó otra expedición con los conquistadores Jorge Robledo y Miguel Muñoz, en 1536.  En su ruta, los conquistadores españoles tuvieron numerosos enfrentamientos con los indígenas sindaguas, pubenses, chisquíes, piaguas y otros.  En sus incursiones, el capitán Miguel Muñoz siguió por la ribera oriental del río Cauca, hasta cuando llegó a un río afluente en donde los españoles encontraron a una vieja de más de cien años, pero tan llena de oro fino, que parecía que quería suplir con la hermosura de aquel metal lo que sus años le había quitado.  Tenía zarcillos, brazaletes, collares y una faja de oro batido, delgada y flexible, que le ceñía alrededor de la cintura, cubriéndola hasta abajo del vientre.

El capitán Muñoz le quitó a la vieja todas las joyas de oro.  Lo que portaba la anciana, pesado, dio ochocientos castellanos.  De allí los españoles llamaron río De la Vieja al bello río en cuya margen está situada Cartago.  La abundancia de joyas hicieron pensar a los españoles que la vieja indígena era sin duda una cacica de un lugar cercano.  Así expresó el cronista beneficiado Juan de Castellanos en su obra “Elegías de Varones Ilustres”.


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