l
Opinión / NOVIEMBRE 09 DE 2023

Libros como espejos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El hombre, de sombrero, manos en los bolsillos y cigarrillo en la boca, mira a algún punto del paisaje marítimo que está por fuera del encuadre. Alrededor sobrevuelan un par de gaviotas. Pero lo más llamativo de la imagen es en donde está parado el sujeto: una gran pila de libros.

La escena corresponde a una de las ilustraciones del artista alemán Quint Buchholz que hacen parte de El libro de los libros, publicación que reúne los textos escritos por cuarenta y seis autores de diferentes países inspirados en igual número de dibujos de Buchholz, invitados por el escritor y editor Michael Krüger. Todas las ilustraciones tienen a los libros como motivo común, con atmósferas entre lo onírico y lo surrealista. Se trata de uno de esos libros de sobrecogedora belleza en el que «son los escritores los que ilustran las imágenes».

El texto sobre la imagen del hombre parado en la pila de libros es del escritor checo Ivan Klíma y se titula El libro como amigo y enemigo. Mi querida amiga M. me lo envía recordándome que hace algunos días hablábamos sobre la angustia que produce la acumulación de libros en la mesa de noche, y la escasez de tiempo para dedicarse satisfactoriamente a la lectura. La primera frase del texto de Klíma me llevó a evocar un momento importante de mi camino lector, y en el que de seguro muchos se reconocerán: «Recuerdo los primeros libros, pocos, que compré cuando era estudiante. Los coloqué en una pequeña repisa y todos los días me acercaba a mirarlos con ilusión.»

Aunque no siempre resulta fácil recordar los primeros libros leídos o comprados, la sensación de plenitud que sentimos al poseerlos, y la ilusión que nos hace leerlos y releerlos, sí que pueden dejar una impronta en la memoria. Con el paso del tiempo, la pasión por la lectura, la afición libresca y el paisaje particular de nuestras bibliotecas se incorporan a nuestras vidas como motivo de orgullo y, como pasa con todo lo que cobra una importancia mayor en nuestra existencia, asignamos a los libros cualidades especiales, de forma que si echamos un vistazo a los anaqueles nos encontraremos con libros amables y huraños, libros rebeldes y sumisos, libros silenciosos y locuaces, y hasta libros salvajes, que no se dejan leer, como en la entrañable historia escrita por Juan Villoro, en la que el bibliófilo tío Tito lleva a su sobrino Juan, alter ego del autor, a descubrir las maravillas de su biblioteca, entregándole píldoras de sabiduría como esta: «Hay gente que cree que entiende un libro solo porque sabe leer. Ya te dije que los libros son como espejos: cada quien encuentra ahí lo que tiene en su cabeza. El problema es que solo descubres que tienes eso dentro de ti cuando lees el libro correcto. Los libros son espejos indiscretos y arriesgados: hacen que las ideas más originales salgan de tu cabeza… Cuando no lees, esas ideas se quedan encerradas en tu cabeza. No sirven de nada.» 
 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net