Opinión / AGOSTO 21 DE 2022

Los atropellos de Ortega

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Que la Iglesia Católica sufra persecuciones no es algo nuevo, pues sabemos que las ha sufrido a lo largo de toda su historia, desde la venida de Jesús su fundador al mundo, pero los católicos nunca podemos acostumbrarnos a que se persiga y se cometan atropellos contra alguno (s) de sus integrantes, sin clara justificación como lo que viene sucediendo en Nicaragua.

La liturgia del pasado domingo ilustraba de modo muy específico este tema,  cuando hablaba de la condena a muerte que de manera injusta pedían al rey Sedecías contra el profeta Jeremías los dignatarios del pueblo hasta el punto de arrojarlo al aljibe de Malaquías para que allí muriera y de donde fue sacado finalmente por intercesión de Ebedmelec.  En Nicaragua, hoy el dictador Daniel Ortega, respaldado por su esposa, vicepresidenta Rosario Murillo, tomaron la decisión de cerrar las siete estaciones de radio católicas, administradas por la Diócesis de Matagalpa, ante las críticas razonables que su Obispo Rolando Álvarez, venía pronunciando por los abusos contra las derechos humanos cometidos por esta pareja de gobierno. Y no satisfecho con este atropello, ordenó a su cuerpo de policía, invadir la Parroquia Divina Misericordia de Sebaco en la misma provincia y días después, agentes fuertemente armados, impidieron al Obispo Álvarez y a otros seis sacerdotes católicos, que lo acompañaban, salir de su residencia para ir a celebrar una Eucaristía en la Catedral. Allí fueron declarados en arresto domiciliario, sin razón alguna que lo justifique. Una actitud que ya Ortega ha aplicado en otras ocasiones y más concretamente, con el arresto arbitrario de quienes, desde la oposición a su régimen dictatorial, buscaban participar en las elecciones presidenciales, en las que finalmente se auto reeligió, sin contrincante alguno y de manera fraudulenta. Pero también ha aplicado similar persecución, contra importantes sectores de la población que se han atrevido a denunciar sus abusos de poder, con sangriento balance de centenares de nicaragüenses asesinados y otros tantos heridos por la acción represiva de su gobierno.

Ahora Ortega se ha ensañado contra la Iglesia Católica, según el editor de la revista Confidencial Carlos Fernando Chamorro, por considerarla como el “último espacio de la Sociedad civil que queda en el País”. Es bien lamentable todo esto que viene sucediendo en Nicaragua y una muestra más del desastre que puede llegar a ocasionar un individuo embriagado de poder sin el más mínimo escrúpulo o consideración con su pueblo y solo deseoso de perpetuarse allí, al precio y bajo las estrategias funestas que tenga que aplicar para conseguirla, acabando con las libertades individuales, con sus principios y aun con sus creencias.

Líderes demócratas, presidentes y expresidentes de diferentes Países de Europa y América, se han pronunciado frente a estos atropellos y están solicitando el pronunciamiento del Papa Francisco, cuyo silencio frente a esta situación ha inquietado a un amplio sector del  mundo  católico. En realidad, es necesario que el máximo jefe de nuestra Iglesia apoye con decisión a estos hermanos nuestros nicaragüenses, en tan dura prueba como la que enfrentan, para el ejercicio de su misión pastoral, defendiendo los derechos de los más vulnerables y perseguidos por un régimen dictatorial. 


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