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Opinión / ABRIL 20 DE 2024

Los ojos de Mona (3)

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Un profesor llevaba sus alumnos a la Barnes Foundation, en Philadelphia, solicitándoles permanecer 20 minutos frente a cada obra porque su contemplación “enriquecía la apreciación del arte y producía beneficios semejantes a meditar”. Los selectos salones que el erudito abuelo recorrerá cada miércoles, día del emisario de los dioses, con su nieta Mona, de diez años de edad, serán sustituto de glaciales consultorios y diagnósticos médicos de los cuales aquel y esta huyen. ¿Con qué miradas acecha Mona una fotografía de la academicista inglesa Julia Margaret Cameron? Liturgia estética para ojos y oídos atentos. Sensaciones germinando desde selectas obras de arte que impresionan al abuelo pero tal vez no serán afines con las nuestras. Uno de los objetivos del novelista puede ser persuadirnos a expresar: “tengo 52 obras y artistas diferentes a los observados por Mona y Henry”. Cada quien atesora su particular catálogo de pinturas y pintores para confrontar manifestaciones de la vida y la muerte. Mona, niña extraña. Con inconvenientes en su colegio. El relato de sus primeros amores. La perentoria imagen de fondo de su fallecida abuela, desempeñando significativo quehacer en la novela. No creo que en París ni en nuestros países latinoamericanos sean muchas las niñas de 10 años saliendo cualquier día de la semana con sus abuelos o padres a visitar museos. Ante el fatídico diagnóstico de la potencial pérdida de su visión, en una preterapia artística rebosada de valores espirituales, sin prisas de ningún género, tan inusitada pareja de observadores de arte, frente a selectas obras descubren consoladoras expresiones para afrontar el mundo que vivimos. Si poco le atañe el espacio estético de la pintura, escultura o fotografía, siga de largo. Excluya esta novela, igual que menosprecia museos cuando visita ciudades o pueblos. Un componente publicitario acostumbrado por las editoriales, engrana obras y autores con la Feria del libro de Frankfurt. Señalan que esta novela salió en más de 26 idiomas a la vez y se vende en 60 países. Lograron su propósito. Al leer Los ojos de Mona me llega la imagen de la Mona Lisa, su boca y su sonrisa; en la Mona de Schlesser, su primera novela cuyo contenido cautiva la atención de cuantos nos solazamos con la pintura, bosquejo los ojos de la niña. “¿Cuándo surgió la idea de escribir este libro sobre historia del arte?”, preguntó a Schlesser una periodista. Fue sincero al evocarla como producto de “una experiencia personal dolorosa. Mi pareja perdió en dos ocasiones un bebé, vivencia dolorosa para ambos. Entonces inventé una niña que existe en mi imaginación. Quería hacerla vivir y el escenario ideal fue el de este libro. La premisa de la novela es que su abuelo quiere que toda la belleza del mundo desfile ante sus ojos”.


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