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Opinión / OCTUBRE 27 DE 2022

Los pesos de la cultura

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Con mucho júbilo se ha anunciado el presupuesto del sector cultural para el año 2023 en el país: $700.000 millones. Una buena noticia, sin duda, aunque la ministra Patricia Ariza haya caído en el gesto mezquino, pero quizás necesario, de comparar la partida con lo que había dejado proyectado el nefasto gobierno Duque. Escribió la ministra en sus redes sociales: “Este presupuesto equivale a un incremento del 125 % de lo proyectado por el gobierno de Duque para 2023, que correspondía a $314.000 millones”. En el año que está cerrando, señaló la ministra, la partida ha sido de $562.000 millones.

Después de 4 años de padecer la gran farsa de la economía naranja, delirio y “orgullo” del monigote que jugó a sus anchas con sus “amiguitos” ministros a ser tecnócratas, le corresponde al gobierno Petro y su ministra devolverle al país la confianza en las políticas culturales, redefiniendo prioridades y orientando las inversiones de una manera sensata y equitativa. Lo anterior estará sujeto a lo que logre recogerse en los Diálogos Regionales Vinculantes, y demás ejercicios de diagnóstico, diálogo y escucha que se propicien para la construcción del Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026.

Planificar la cultura, y lograr que los planes y programas atiendan con suficiencia el amplísimo espectro que comprende el concepto de lo cultural, es un reto que debe ser afrontado con el más alto sentido de compromiso y responsabilidad por un gobierno que aspira a generar transformaciones profundas en un país tan golpeado como Colombia. Ante el anuncio del incremento en el presupuesto, se debe empezar a indagar con precisión cuáles serán las líneas prioritarias de inversión. Las convocatorias de concertación y estímulos, por ejemplo, requieren ajustes de fondo con miras a hacerlas más prácticas y democráticas, de manera que artistas, creadores y gestores tengan la posibilidad de concursar y acceder a los recursos para un ejercicio digno de su quehacer cultural y artístico.

Una vez logre trazarse la hoja de ruta para el sector cultural, con líneas estratégicas consistentes y acciones claras incorporadas al Plan Nacional de Desarrollo, el siguiente reto vendrá el próximo año al darse los cambios en los gobiernos municipales y departamentales. Y es que para nadie es un secreto que muchas regiones del país padecen, y seguirán padeciendo, la peste del uribismo, con sus síntomas de corrupción y politiquería, y encarnado en funcionarios retrógrados que ven en los presupuestos de la cultura botines inagotables para pagar favores y organizar reinados y conciertos de música popular, porque “es lo que al pueblo le gusta”.

Las políticas y orientaciones que en materia cultural se generen desde el nivel central deberán ser tenidas en cuenta desde ya por los precandidatos a alcaldías y gobernaciones, y les corresponde a los representantes del sector vencer la mezquindad y el sectarismo que suelen hacer mella en el ejercicio de la gestión cultural y las producciones artísticas. Es urgente dignificar la cultura en un país que quiere mirar hacía un horizonte de paz y reconciliación.


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