Opinión / ABRIL 24 DE 2022

Los riesgos de ensayar

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Claramente el mayor problema de este País y del cual se desprenden todos los demás es el cáncer mortífero de la corrupción, convertido en tema central de campaña política en toda contienda electoral, pero que, finalmente, sigue ocasionando efectos devastadores luego de cada elección, no obstante las promesas de los elegidos para atacarla y erradicarla de la institucionalidad.

Es además motivo central de la incredulidad y desconfianza hacia nuestra clase política, de la cual no se salvan los integrantes de ninguno de los sectores, llámese izquierda, derecha, centro o independientes y nosotros mismos. Todos tenemos grado de responsabilidad en esta crisis que afrontamos y que tiene a tan alto porcentaje de la población con deseos de lanzarse a nuevas alternativas, según muchos de ellos, así sean suicidas o riesgosas incluso para ellos mismos, llevados por el desengaño sufrido de tantos años, olvidando que aun la alternativa que pretenden apoyar lanzándose a esta peligrosa aventura, nos puede llevar a todos a un abismo del cual difícilmente podríamos salir, como ya lo han experimentado otros países de nuestra América Latina. Olvidan ellos que quienes se presentan como presuntos redentores, cuentan con un pasado triste y doloroso para numerosas familias y que, hoy en día, están dispuestos a venderle el alma al diablo y hacer falsos juramentos que saben no van a cumplir,  con el fin de lograr su objetivo de llegar y perpetrarse en el poder, lo que acaba con la ilusión de muchos, de cambiar al personaje y su equipo acompañante de gobierno en caso que sus expectativas sean defraudadas. Ya logrado su objetivo, acudirán a artimañas peores a las que hoy maquinan para convencer incautos de sus buenas intenciones y así jamás volver a soltar el poder.  

Con qué autoridad moral y con base en qué facultad va a combatir la corrupción un personaje que promete tramitar un “perdón social” a reconocidos corruptos entre excongresistas, exgobernadores, exalcaldes, exfiscales, exjueces y otros que hoy purgan en las cárceles sus fechorías, solo con el fin de conquistar unos 175.000 votos (según la “Silla Vacía”) representados en sus seguidores amparados en una equivocada lealtad, en familiares, amigos y en quienes aún continúan manipulando desde su prisión a través de testaferros políticos. Menos a quien hoy plantea una cosa y al día siguiente, trata de maquillarla con otros términos rebuscados cuando la opinión reacciona frente a su salida en falso. 

Insisto que, como electores, somos corresponsables de todo lo que ha sucedido, pues hemos fallado en la aplicación de las herramientas de control que nos ofrece la Constitución con nuestra indiferencia, incluyendo la ausencia de más del 50 % del potencial electoral en las urnas, pero la forma de subsanar tan craso error, no es lanzando al país, a su economía, a sus empresas con el cuento de democratizar la propiedad privada y a nosotros mismos a un camino sin salida. Si la actual clase política no cuenta con credibilidad, mucho menos una con antecedentes terroristas para ensayar, que puede acabar con miles de empleos, reducir al mínimo los ingresos con una hiperinflación y  generar un preocupante desabastecimiento de productos básicos, entre tantos otros potenciales efectos desastrosos. PD. El juramento en notaría que “no habrá expropiaciones, ya está disfrazado mediante el término ‘democratización’. Pilas con eso. No debemos dejar que las emociones del momento superen la razón y la inteligencia.
 


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