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Opinión / MAYO 17 DE 2023

Me compré una faja

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Hace días vi una publicación en redes donde promocionaban una faja milagrosa e invisible que ayuda a quitar los molestos gorditos laterales y quemar la grasa localizada en el abdomen. Sin pensar mucho en el asunto le di comprar y luego llegó un paquete con la promoción que eran dos fajas por el precio de una. Las fajas tenían algo “especial” y era que tenían un bóxer incluido para que quedara mucho más ajustadas al cuerpo. 

Cuando me llegó el producto lo analicé y era de un material sintético medio duro, por un lado, negra y por el otro amarillo, el bóxer de una tela más flexible y con un espacio para orinar sin necesidad de quitarse toda la faja. Nunca en mi vida había usado una faja y siempre había pensado que cuando uno abraza a alguien que las usa es incómodo sentirlas al tacto. 

Y así fue primero empecé a ponérmela en la noche para dormir y que mientras pasara la noche la faja hiciera su trabajo y me ayudará a quemar la grasa. La sorpresa fue que no la aguantaba y era como sentir que mi energía estaba apretada y que no podía fluir, me forcé a tenerla, pero estando dormido y sin darme cuenta me la quité, eso pasó la segunda noche también y desistí de usar fajas reductoras en mi vida. 

Hoy que analizo la situación me doy cuenta de que la energía física para el bienestar está estrechamente relacionada con el movimiento y el fluir libremente sintiendo realmente que experimentamos bienestar, una faja es algo que te aprieta, te reprime, no te permite fluir ni generar el movimiento en tus células, es algo que va en contra de tu propia forma física y no es placentero sentirlo. 

Tal vez la historia de las fajas se remonta a la castración o represión de la mujer en una sociedad machista que quitaba el placer y la posibilidad de libertad, que castraba y reprimía por medio de diferentes acciones o creencias. Tal vez también tiene una connotación de doblegar, amarrar, tener control sobre el otro, o hacer que el otro tenga una conducta esperada, como las camisas de fuerza que se llegaron a utilizar para personas con trastornos mentales. 

Hoy estoy claro que una faja no es una opción y que si comprendo la energía que tengo, el movimiento y el bienestar de mi cuerpo lo que menos debe importar es el gordo lateral, la grasa en el abdomen o esa grasa localizada que esperaba quitar con la faja. Mi cuerpo está en constante movimiento, este hace que se generen cambios diarios, estos cambios son evolución y aprendizaje, no siempre tienen que ser un parámetro de belleza, pero siempre deben ser mi felicidad y mi aceptación. 

Fluyo, cambio y estoy consciente para aprender sobre mí. 


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