Opinión / NOVIEMBRE 29 DE 2021

Megaestación Quindío

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Terminada e inaugurada la doble calzada Calarcá-Cajamarca, se despeja otro de los obstáculos del acceso al océano Pacífico. Quedan pendientes las obras Ibagué-Cajamarca y la doble calzada Calarcá-La Paila, por supuesto, para concluir los trabajos de modernización de esta, la gran vía del suroccidente colombiano.

Para que abundar sobre las bondades de esta vía, de la ubicación estratégica del Quindío y del vínculo histórico de Calarcá con la actividad transportadora, en su condición de eje vial equidistante entre el origen y destino de la mayor cantidad de carga que mueve la economía nacional. 

Olvidadas las cintas, los discursos y los fuegos fatuos de la celebración ¿Cuál va a ser, ahora sí, la relación de nuestro territorio con esta vía? ¿Seguiremos siendo pasivos espectadores apostados a la orilla del flujo que corre por esta arteria vital para Colombia? O nos involucraremos para tejer una relación más activa y orgánica con esta vía-río, que permita extender nuestro desarrollo más allá del café y los plátanos, esperanza y lastre a la vez, de un Quindío que reclama mejores perspectivas. 

¿Qué pasó con el liderazgo en el departamento? ¿Dónde están las iniciativas y los debates sobre los grandes temas de política pública? Nada se escucha en ninguno de los flancos. Estamos muy ocupados en la política menuda.

Necesitamos visiones de conjunto. Hay antecedentes históricos de concertación entre los sectores público y privado en nuestra región: los parques temáticos, el parador de camioneros, en menor escala. El reto, no dejar pasar esta oportunidad de intervenir en la vía más importante de Colombia que atraviesa la mitad de nuestro territorio, a la que le debemos mucho.

Existe una iniciativa ciudadana presentada hace algún tiempo, a la que no le hemos dado la importancia que se merece: La megaestación Quindío. No somos ni principio ni fin de la vía pero sí paso obligatorio de tránsito de carga entre el sur y el occidente, que incluye el puerto más importante del Pacífico y el centro del país.

Imagínese 8 o 10 hectáreas de terreno a partir del coliseo cubierto de Calarcá a lado y lado de la vía al Valle. Un Centro Integrado de Servicios para el Transporte, que ofrezca estacionamientos, áreas para eventos, talleres, supertiendas -repuestos, sonido, lujos y accesorios, herramientas, etcétera-, servicio de grúa. Para viajeros y conductores, servicios sanitarios, alojamiento, restaurantes, cafeterías, juegos de salón, gimnasio, centro de salud, puntos de información turística, un museo de la vialidad de Colombia y algunas dependencias oficiales, ICA, CRQ, Invías, inspección de tránsito. Un lugar que nos permita solucionar la informalidad de la actual oferta de servicios dispersos en la carretera.

Ya contamos con estación de policía de carreteras, báscula, estación de servicio -gasolina y gas vehicular- y un restaurante.

Pereira anda aplicada a sacar adelante su gran hospital regional de cuarto nivel, Manizales el aeropuerto de Palestina, ¿y nosotros? 


 


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