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Opinión / JUNIO 05 DE 2023

¡No todo vale!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El fin justifica los medios, predican quienes creen conocer a Maquiavelo. Se les olvida, en principio, que allí se referían a un bien noble. En la actualidad no se acepta tal afirmación, por el contrario, los medios deben ser los establecidos en las normas, y las reformas objeto de los instrumentos que la sociedad acepta como pacto social.

La violencia ha sido y será un medio rechazado por todos como instrumento del cambio, pues sus daños directos y en la conciencia social permanecen como enfermedad incurable por generaciones. El desplazamiento, la migración, el recuerdo de los menores, el empobrecimiento, entre otros, son los efectos que una nación supera con dificultad.

La igualdad como predicamento permanente de nuestra sociedad, la justicia, el respeto por los derechos de cada individuo, la lucha por lo sagrado del derecho a la intimidad, que se comunica con la libertad de expresión, y el rechazo por la interferencia del Estado en muchas actuaciones e interacciones del ser humano, son logros, unos alcanzados y otros por alcanzar, que hacen parte de la confianza del ciudadano en sus gobiernos, y por lo que se ha luchado buscando el cambio.

Se ha criticado a gobiernos anteriores, e históricamente, en las dictaduras por la persecución, la ilegalidad de actuaciones que han dado como resultado la muerte de ciudadanos inermes, la limitación del derecho a la información y la invasión a la intimidad con las chuzadas, el enriquecimiento sin justificación de actores, y la discriminación y tratamiento desigual entre seres humanos.

Atendiendo a ello, no todo vale para lograr un cambio, así la intención sea buena el procedimiento no puede deslegitimar la reivindicación, el tufillo de las chuzadas insinuado por periodistas, y la comprobación con una dama igual a todos, en un país que predicamos cero discriminaciones, deja en igualdad de condiciones con quienes se criticaban en el pasado, partidos, actores, gobernantes, etc. y qué decir de lo desafortunado de miembros de partidos de cambio, que en un discurso discriminan la actividad de las personas. Sirvienta parece ser la frase despectiva usada. En contravía de la jurisprudencia y del sentido común, en un país que queremos sea de iguales.

Ojalá no terminemos diciendo “todo cambia para que todo siga igual”, parodiando al escritor, o en últimas como hemos descrito las revoluciones burguesas, que terminan siendo el cambio de las gallinas, las de arriba pasan abajo del gallinero y seguirán las superiores oprobiando a las inferiores.


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