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Opinión / JUNIO 20 DE 2022

Padres y maestros

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Por motivos electorales se aplazó el Día del Padre, ocasión que nos permite rendir homenaje a estos seres maravillosos, insustituibles, que cuando eligen ejercer de manera correcta su paternidad, asumen la responsabilidad de guiar a una persona por el camino de la vida, se convierten en líderes y referentes, columnas que sostienen el alma en los momentos de dolor y mantienen firme la voluntad en las pruebas y dudas.

Son padres y maestros que reúnen dentro de sí toda la fuerza… Esa que les permite forjar un hogar,  trabajar con tesón para proveer necesidades; aquellos que van más allá del cansancio, duplican sus fuerzas y anhelos para impulsar a los que caminan sobre sus huellas.

No hablaré de quienes engendran y abandonan, la historia se encargará de mostrarles sus errores y las madres valerosas que toman el liderazgo de sus familias, tendrán justicia y reconocimiento.

Me referiré a esos hombres que cumplen su labor a conciencia, con entereza y amor, a esos con los que tantas personas fuimos bendecidas. ¿Qué es lo que hacen?

Primero. Son fuente de los mejores ejemplos. Existen varios medios para aprender sobre integridad y honor, sin embargo, un padre que va por la vida con buen proceder, es el mejor surtidor de ética para sus hijos.

Segundo. Son el origen de la seguridad personal. Las piernas infantiles titubean al dar los primeros pasos. La mano firme del padre, que está presente en ese momento crucial, brindando soporte y comunicando confianza, permiten aprender a caminar con paso seguro y mirada al frente.

Tercero. Son el principio de la autoridad. Es complejo aprender algo fundamental para la vida adulta: seguir instrucciones, respetar a quien tiene un nivel jerárquico superior, observar la obediencia manteniendo la dignidad… Muchos tienen serios conflictos con la autoridad. Un buen padre lo enseña, es un equilibro entre firmeza y dulzura.

Cuarto. Es maestro de persistencia y disciplina. Dos valores fundamentales que se forjan en experiencias como entrenarse en un arte o deporte. Un buen padre educa hijos que no se rinden fácilmente.

Quinto. Es quien muestra el mundo. Si la madre es eje de amor, afecto y ternura; el padre tiene la misión de mostrar el sorprendente universo a los hijos: enseñarles sobre animales y plantas, lugares y viajes, narrar historias que activen en los pequeños la curiosidad.

Sexto. Es el refugio seguro. Los brazos del buen padre son el lugar perfecto para llorar, recuperar las fuerzas, expresar los miedos, confortarse en la derrota… Nada tan terapéutico como su voz, escondiendo detrás del valor su propio temor, diciendo… “Hijo, esto también pasará, todo estará bien”. (A Edilberto Alzate Marín).
 


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