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Opinión / DICIEMBRE 23 DE 2021

Palabras contra el miedo

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Que «el mundo solo será del que camina sin miedo» escribió Rubén Blades en 1987 interpretando uno de los cuentos más enigmáticos y experimentales de Gabriel García Márquez: “Ojos de perro azul”. 

En uno de los ensayos de su más reciente libro, “El reino de la posibilidad”, la escritora Yolanda Reyes diserta sobre las posibilidades de la lengua literaria, del arte de contar historias, para afrontar los miedos que nos asaltan cotidianamente. Recuerda la escritora que en una madrugada de 2010 fue sorprendida por uno de los terremotos más violentos en la historia de Chile mientras se alojaba en un hotel de Santiago, donde participaba de un congreso de literatura infantil. «Durante las noches siguientes, sin poder salir de ese país extraño que seguía temblando, solo me sentí a salvo cuando me ocupaba en escribir una crónica para un diario de Colombia o cuando trataba de describir mis sensaciones en correos que mandaba a mis seres queridos. Entones experimenté, desde el fondo de la indefensión, lo que le debemos a esa creación humana que es una lengua; lo que significa para nuestra especie esa invitación, esa obligación, de organizar la experiencia desordenada en una estructura, con sus categorías, sus convenciones y sus órdenes, para situar lo que va antes y lo que va después: sujeto, predicado, complementos y accidentes, y música también: ese trabajo de ocuparnos en disponer las palabras, las frases y todos los signos para hilar una historia que se acerque a lo vivido y que suene parecida a la voz que tenemos, a la voz que somos».

Por supuesto no es fácil poner en palabras las sensaciones y efectos que se derivan del miedo, y es allí donde la literatura, lo que escriben los otros, juega un papel primordial, sobre todo en las primeras etapas de la vida. En el ejercicio de dar de leer a los niños tenemos la posibilidad de entregarles lo necesario para afrontar las más diversas experiencias de la vida, entre ellas la de reconocer y afrontar el miedo. A propósito de esto, refiere Yolanda Reyes la anécdota sobre una madre que reaccionó con la frase «De mi casa está desterrada la palabra miedo», al recomendársele el libro “Donde viven los monstruos” para el cumpleaños número 3 de su hija. «No quería historias de monstruos ni nada que pudiera “meterle” miedo a la niña, me explicó, como si hubiera olvidado que el miedo vive dentro y que las historias ayudan, más bien, a dejarlo salir; a situarlo en un lugar seguro», escribe Reyes, y más adelante: «Quizás al desterrar el miedo y las experiencias difíciles de las habitaciones de los niños los condenamos a sentirse más vulnerables y más solos, y adelgazamos esa capa de espesor simbólico, tan necesaria para descifrar la vida y para afrontar, e incluso aprender a disfrutar, su complejidad».  

«No le tengas miedo al miedo que asusta´o vivir no vale nada», enfatiza Blades en su canción. Escribir, leer y cantar al miedo siempre serán las mejores formas para conjurarlo.


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