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Opinión / JUNIO 16 DE 2024

Pero no hay teatro

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No hay explicación diferente, a la falta de interés estatal, para no contar en Armenia con un teatro que sirva como escenario natural de la cada vez más nutrida oferta cultural propia y que nos visita. Seguimos los armenios dependiendo del Centro Metropolitano de Convenciones, que dicho sea de paso mantiene copado y no reúne las condiciones técnicas para todos los espectáculos, y del abrigador y pequeño auditorio de Teatro Azul. Atrás quedaron los años gloriosos del teatro de la Cruz Roja, las tablas del Yanuba se convirtieron en cenizas.

Construir el anhelado teatro municipal no desfinancia el presupuesto de la capital quindiana. Es cuestión de voluntad. Puede el actual alcalde, sensible ante el deporte y las manifestaciones artísticas, dejar una huella imborrable si le regala a la ciudad de sus amores y a quienes aquí habitamos un teatro con aforo, condiciones técnicas y características arquitectónicas idóneas para que, además de atractivo turístico, pueda presentar obras nacionales e internacionales, musicales de gran formato, orquestas filarmónicas y demás eventos culturales de gran calado. No son pocos los artistas y agrupaciones que han declinado venir a esta ciudad por falta de un escenario apto para presentarse.

Tener un teatro en esta visitada y admirada ciudad es lo mínimo para responder a los grandes esfuerzos que de manera particular están haciendo, entre otros, Teatro Azul, Fundanza, Banco de la República, Versión Libre Teatro y Universidad del Quindío, para formar público y ampliar la oferta cultural local. Está en mora la dirigencia local de materializar esta obra para que, tal como lo muestra cada seis meses el estudio Armenia Cómo Vamos, encerrarse en un centro comercial no sea la principal actividad de entretenimiento de los cuyabros.

En Armenia ya hay una oferta cultural de buen nivel, es posible sostener una programación permanente. Puede convertirse Armenia, además de ciudad turística por ser la capital del agroturismo en Colombia y del departamento de los parques temáticos, en ciudad universitaria y cultural. Pero no hay teatro, qué lástima. Durante los últimos lustros ha habido un esfuerzo titánico de un puñado de gestores culturales, que además sirvió como cimiento de la carta de entretenimiento en música, teatro, danza y plástica que hoy tiene para ofertar este pequeño territorio. Pero no hay teatro.

En materia de entretenimiento es posible dar un paso más allá, agregando al ya tradicional y repetitivo concierto de despecho o reguetón y la infaltable invitación a beber en la publicidad, la exposición artesanal y el show humorístico, etc., una programación permanente de arte dramático, una temporada de conciertos con la Filarmónica de la Uniquindío y la Sinfónica Juvenil de Armenia, ballet y danza nacional e internacional, entre otras expresiones artísticas para las que, está más que demostrado, ya hay público y de diferentes edades y estratos. Pero no hay teatro, qué mal.


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