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Opinión / ENERO 25 DE 2012

Petróleo sangriento

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Durante el evento Más ingreso, más empleo, menos pobreza, realizado en Cartagena el 13 de enero, el presidente Santos mencionó la necesidad de subir la producción de barriles de petróleo a un millón por día, lo cual se verá reflejado en «mayores regalías (…), para que haya más inversión, para que haya mejores carreteras, para que haya más infraestructura, lo cual se traduce en más producción y más empleo», indicó el mandatario.

Al parecer, el señor Santos olvidó que su gobierno había pronosticado que al cierre del 2011 se produciría el millón de barriles de crudo, pero, tal cosa no fue posible por varias razones: 1) Derrames del combustible fósil debido a actos terroristas, «inadecuadas condiciones operativas, fallas en procedimientos y procesos, corrosión de líneas, fallas en sistemas de válvulas, reboses de sistemas de aguas aceitosas y accidentes viales de carrotanques», afirmó Ecopetrol, el siete de junio del 2011. 2) Falta de cobertura en la red de oleoductos, hecho denunciado por Hernando Barrero Chaves, presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros Petroleros (Acipet). 3) Altos costos del transporte del crudo debido al mal estado de la red vial del país, adicional al deterioro de las vías en épocas de altas precipitaciones –o el mal llamado invierno (en Colombia no hay estaciones)–.

No sé cómo se pretende tener mejores carreteras cuando los costos del transporte de crudo para llegar a las refinerías son altísimos (tres veces más que el valor de lo que cuesta extraer un barril de petróleo) y la política petrolera nacional no tiene como objetivo el refinamiento para minimizar la dependencia de intermediarios y de esa forma reducir costos. Lo anterior imposibilita el aumento de las regalías. Y ni qué decir de los daños ocasionados por los derrames a nivel ambiental, social y económico, incrementando la pobreza. Tremenda contradicción.

Hay que replantear la situación y trabajar conjuntamente en la resolución de falencias para poder producir el millón de barriles. ¿Cuál es el afán de que se haga inmediatamente?, ¿por qué no solucionar los inconvenientes de raíz y luego sí pensar en alcanzar esa meta? Como ciudadana me preocupa que no se vele por el cumplimiento de los derechos constitucionales, viendo afectada la diversidad biológica por los descuidos de una multinacional y un gobierno que están en la obligación de ejecutar protocolos de seguridad, prevención, mitigación y emergencia (que hasta ahora han sido deficientes), asimismo de notificar los daños ecológicos y las acciones de recuperación.

Para ilustrar: Las actividades de exploración, explotación, extracción y transporte de hidrocarburos provocan impactos negativos no sólo en el medioambiente. En la primera fase, la zona explorada queda perforada debido a las detonaciones, además de la compactación y erosión de los suelos por efecto de las maquinarias pesadas y la pérdida de vegetación, produciendo cambios en el pH y alterando los procesos biogeoquímicos.

En la segunda etapa, la acción de lodos químicos es necesaria para la penetración de taladros encargados de hacer las perforaciones produciendo lodos con metales pesados y tóxicos (cadmio, mercurio, plomo, arsénico y cobre), que pueden derivar en el agua y afectar ecosistemas dulceacuícolas o marinos. En la tercera, suelen darse accidentes relacionados con gases venenosos y aguas ácidas. Caso concreto, en diciembre pasado se presentó un derrame en Norte de Santander.

En la etapa de transporte, han sido millones los barriles derramados en zonas acuáticas y selváticas. Por último, la combustión de los derivados de hidrocarburos, generando dióxido o anhídrido de carbono, dióxido de azufre y de nitrógeno y otros compuestos volátiles, causan problemas ambientales y de salubridad.

Quién sabe si la tecnología militar del hidrógeno como combustible sea el mejor reemplazo del oro negro. Países europeos ya lo están utilizando. Aunque no es rentable en la actualidad comparado con los hidrocarburos, la opción de energía se concentrará hacia el hidrógeno sabiendo que el petróleo es un recurso no renovable y para ese entonces ya habrán quienes sepan producirlo y procesarlo adecuadamente. En latinoamérica, más exactamente en La Patagonia, están produciéndolo en granjas eólicas.


Cindy N. Cardona Claros
​Columnista invitada


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