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Opinión / ENERO 04 DE 2024

Por las comunidades lectoras

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En la más reciente edición del semanario cultural del diario El País de España, que circuló en el último fin de semana de 2023, un reportaje daba cuenta del trabajo de seis bibliotecas públicas de ese país, destacando no solo sus servicios, acervos e infraestructuras, sino su valor como “comunidades lectoras”. El concepto, expresado por Neus Castellano, directora de la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez de Barcelona, elegida como la mejor del mundo en 2023 por la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA), apunta a resignificar las concepciones y miradas que sobre estas instituciones tienen las sociedades.

Desde la biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, su director, Javier Pérez Iglesias, aportaba la definición de las bibliotecas como «una obra de arte colectiva e inacabada, porque arrastran un pasado, construyen un presente, y tienen la mirada puesta en el futuro», resaltando además que «las bibliotecas tienen que estar abiertas a los debates que preocupan al mundo. Al arte le concierne todo lo que ocurre en la sociedad. El feminismo, la diversidad sexual, la supervivencia del ecosistema o el poscolonialismo… las bibliotecas son una herramienta perfecta para imaginar una democracia radical.»

Estas ideas, aterrizadas a cualquier contexto en el que tengan presencia las bibliotecas públicas, deberían incorporarse prioritariamente a las agendas de construcción de los planes de desarrollo de los mandatarios que inician sus periodos de gobierno. En el Quindío la Red de Bibliotecas Públicas, integrada por doce municipales y una en el corregimiento de Barcelona, requiere la mayor atención por parte del gobierno departamental. Incorporadas en su mayoría a las infraestructuras de las casas de la cultura, las bibliotecas están llamadas a tener un protagonismo indiscutible en la vida cultural de los municipios, y los profesionales a su cargo a ejercer un liderazgo sociocultural con el debido reconocimiento por parte de los mandatarios locales y administradores de cultura. 

A la necesidad de que en los municipios las bibliotecas sean visibles en los planes de desarrollo, y que la Red tenga el estatus debido como instancia de la Secretaría Departamental de Cultura, se suma la gran deuda que tiene en Quindío con el patrimonio bibliográfico y con un proyecto cultural ambicioso y absolutamente necesario: la Biblioteca Departamental.

Incluida como proyecto estratégico dentro del plan plurianual de inversiones del gobierno nacional, se espera que el nuevo gobernador y su equipo asuman las acciones pertinentes para hacer realidad este proyecto que se debe entender, más que como una simple biblioteca, como un centro cultural que articule procesos de rescate y salvaguarda del patrimonio bibliográfico, fonográfico y audiovisual, se encargue del depósito legal, y cuente con la infraestructura adecuada y el equipo humano idóneo para los procesos formativos y de exhibición en todas las áreas artísticas. Sumado a lo anterior, y para que estas ideas tengan el sustento de una política pública, se precisa emprender la reformulación del Plan Departamental de Lectura, Escritura y Bibliotecas. 

Con voluntad y visión estas ideas pueden ser una realidad. 


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