Opinión / JUNIO 27 DE 2022

¿Qué país queremos? 

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Luego de una campaña presidencial polarizada, con estrategias sustentadas en los medios, en especial el internet y con aprendizajes relacionados con la necesidad de volver al respeto y el honor en las prácticas proselitistas, ha llegado el momento de pensar juntos el país que queremos. Ha sido entregado el liderazgo al Pacto Histórico y esto abre oportunidades para poner el foco en un futuro compartido, en un horizonte sostenible, democrático y libre, donde los aspectos positivos de la tendencia política de izquierda prevalezcan y los temores que existen frente a ella, se difuminen a partir de una mirada, amplia y contextualizada en lo que tiene que ver con la economía, la creación de riqueza, el fortalecimiento de las empresas y la salvaguarda absoluta de la iniciativa privada. ¿Qué país queremos? 

Primero. Uno con cultura ciudadana y con responsabilidad política. Es momento de aprovechar el entusiasmo que se ha creado en algunos sectores con apatía frente a ciertos aspectos – como, por ejemplo, los jóvenes –. Ellos participaron, muchos abstencionistas también y es un buen signo de la revitalización de la democracia y la fe en este sistema, que debe prevalecer. Habiendo roto – en muchos, no en todos –, el caparazón de la indiferencia, debemos ser una ciudadanía activa, protagonista en la construcción de los cambios que el país requiere, consciente, que aprecie la diferencia y conviva en armonía, respete las instituciones y se vincule con la consolidación de metas comunes. 

Segundo. Uno con oportunidades. Maravilloso incrementar las opciones para acceder a la educación superior, bienvenidas las nuevas instituciones y también las becas para que todos puedan estudiar. Ello debe ir acompañado de una política sólida de emprendimiento y fortalecimiento empresarial, porque de lo contrario, tendremos pobres y desempleados con títulos. Es necesaria una visión sistémica y global, para activar fuentes creadoras de riqueza, pues el asistencialismo estatal es insostenible en el largo tiempo. 

Tercero. Uno donde el valor del trabajo prevalezca. Fomentar la asistencia social desde el Estado para quienes en verdad lo requieran, es oportuno. Entregar beneficios para todos, desestima el esfuerzo. Los incentivos que se mantengan y los nuevos que se creen, deben tener seguimiento en cuanto a su uso e impacto. Qué bueno si se crean fondos rotatorios, en los cuales quien obtenga apoyo económico, cuando trabaje retorne una parte del capital para los que vienen detrás. 

Cuarto. Uno donde el verdadero liderazgo prime. Son las propuestas, programas y realizaciones las que miden a los líderes; no las ideas. Es una oportunidad para consolidar liderazgos auténticos, con logros evaluables, que permitan a Colombia avanzar realmente, en desarrollo social y económico, inserción en mercados internacionales y competitividad, no solo explicar “por qué no se dan las cosas”, como ha ocurrido en otros momentos. 

Quinto. Uno donde construyamos igualdad real. La idea de hacer de la dignidad una costumbre y reivindicar a grupos desprotegidos, es maravillosa. La oportunidad para el desarrollo integral y sostenible está dada, más con el énfasis de las propuestas del nuevo Gobierno. Que la gente sea la gran beneficiada y que el Pacto que se pretende, se convierta en una luz de esperanza y de mejor futuro, que nos bañe a todos. 
 


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