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Opinión / AGOSTO 19 DE 2022

Rumbo a una impronta cultural

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Entender hoy día la cultura, significa adentrarnos necesariamente en la dinámica de la nueva sociedad, una sociedad que exige alternativas que enfrenten adecuadamente las extremas desigualdades. 

Actualmente, con el advenimiento de la tercera misión en la educación superior, ha sido necesario empezar a entender que integrar e interactuar desde la dinámica de la extensión universitaria, significa ir más allá de aspectos meramente formativos o de investigación para consolidar un nuevo profesional. Es en ese nuevo profesional, vinculado con las realidades, en el que la Universidad del Quindío ha de comprometerse; por ello, construir su impronta cultural, significa establecer conceptos y acciones que contribuyan con ese propósito. 

Por eso, basados en la preocupación de si es necesario o no estructurar un sistema uniquindiano de cultura, con todas sus positivas implicaciones, no pueden soslayarse otros elementos que serían los fundantes de esa impronta. 

En ese sentido, los aspectos éticos, actitudinales, proyectos de vida colectivos, conflictos programáticos, de creatividad, formación, de inclusión social, transparencia, libertad, de no corrupción, participación ciudadana y de apropiación social del conocimiento, van más allá de lo que tradicionalmente se concebía como algo meramente relativo al consumo estético, convirtiéndose entonces, en criterios indispensables para construir la perspectiva de cultura, como base del bienestar y la reconciliación. 

En primer lugar, lo ético, en el sentido de la práctica de todos los rigores para el bien de la humanidad, para la crítica, para la actitud que acabe con el miedo y la mentira; es decir, ética desde y para la práctica social. Lo actitudinal, a su vez, por cuanto garantiza el respeto por el trabajo, la identidad, la inteligencia, la no exclusión, el análisis y el pensamiento crítico. 

Por su parte, los proyectos de vida colectivos y los conflictos del absurdo consumismo, son aspectos relevantes cuando la formación estética importa para el buen vivir, sin extirpar anhelos y generar incertidumbres falsas, siempre hacia un mejoramiento cognitivo y material. No podemos tampoco, dejar de lado la creatividad y la formación, pues la integralidad del ser humano estará inmersa en su capacidad de innovación en el contexto de una agenda de ODS que nos lleve hacia la humanización. 

Hoy, igualmente, la inclusión social, la transparencia, la libertad, la no corrupción, la participación de todos los actores territoriales en los procesos de apropiación social, son ejes para las ciudadanías protagonistas en una universidad que piensa desde su entorno, con prácticas naturales de generación de confianza y de posibilidad de acción libre y razonable. 

Solo así, se responde a las exigencias de esa nueva sociedad que va rumbo a los espacios inacabados de la igualdad; para democratizar, crear redes y acciones que, desde las expresiones estéticas, se abran hacia el nuevo ciudadano al que aspiramos. 


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