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Opinión / NOVIEMBRE 28 DE 2023

Se requiere mayor protección a la mujer

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Para conmemorar vigencia de la Ley 1761 de 2015, por medio de la cual se creó el tipo penal de feminicidio, como delito autónomo, se celebró el pasado 25 de noviembre el día internacional de erradicación de la violencia contra la Mujer. Esta norma es el resultado del trabajo y dedicación de organizaciones feministas y mujeres que durante varios años adelantaron gestiones ante el Estado, para que se tipificara como delito esta forma de agresión contra la mujer; este logro jurídico y social, tiene origen en el repudiable crimen de Rosa Elvira Cely, una bogotana de 35 años quien fue víctima de acto sexual violento, torturada y asesinada, por parte de un compañero de estudio. Aunque la normativa es rigurosa en relación con otros punibles, con penas entre 300 y 500 meses; el maltrato y violencia contra la mujer siguen impactando a niñas, adolescentes y mujeres mayores, cuyos agresores suelen ser novios, esposos o sus compañeros permanentes; hay ocasiones en que los victimarios son las exparejas, que no aceptan la separación. En su mayoría las mujeres son agredidas con maltrato físico, sicológico, emocional, accedidas sexualmente de forma violenta y muchas de ellas son asesinadas; además en otros escenarios como el laboral y académico, algunas mujeres sufren acoso y violencia sexual, expresada a través de las insinuaciones inadecuadas, el asedio, la persecución y el acoso cibernético. Además, la trata de personas es otra de las modalidades de sometimiento a la mujer, esa es una perversa forma de esclavitud y explotación sexual; a esa infame lista, hay que agregarle los tocamientos impúdicos y violaciones a niñas por parte de sus padres, padrastros, tíos, primos, abuelos y hombres cercanos a la familia. Los casos de agresión a la mujer, que informan los medios de comunicación cada vez con más frecuencia, reflejan la discriminación, desigualdad, violencia y sometimiento que les ha hecho la vida infeliz a miles de mujeres en el país, y a cientos de ellas les ha arrebatado su existencia. Si bien es cierto que estrategias como la línea púrpura de la policía, la asistencia y orientación a víctimas de maltrato de género, es igualmente cierto que las mismas son insuficientes, pues es claro que la población femenina es altamente vulnerable ante los depredadores sexuales, maltratadores, celosos compulsivos, proxenetas y feminicidas; especialmente las niñas, lesbianas y transgénero; como también las migrantes, desplazadas, indígenas y minorías étnicas. Estas agresiones a la mujer están asociadas a aspectos culturales, sicológicos, al consumo de alcohol o drogas; aunque también es importante reconocer que, las mujeres juegan un papel determinante, ya que algunas por su dependencia emocional, se amparan en sus hijos para ocultar y hasta justificar los maltratos que padecen en el hogar, mostrándole a la sociedad una falsa vida normal y placentera. A hoy en el Quindío no se han tratado eficazmente los factores de riesgo que desencadenan los episodios de agresión a la mujer, como tampoco los mecanismos que garanticen su protección eficiente. Lo que evidencia que, se requieren programas sociales de apoyo con políticas de la administración pública para mitigar la problemática. 


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