l
Opinión / NOVIEMBRE 25 DE 2022

Senda ineludible para la vida digna

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La paz siempre es el estado pretendido por los seres humanos, pues los múltiples conflictos que surgen no pueden ser eternos, toda vez que el sentimiento natural se encuentra en dirección de la concordia, de la tranquilidad, así la historia pretenda evidenciar lo contrario. Recordemos que las comunidades, en la antigüedad, convivieron cooperándose tanto para respetar su entorno como para solucionar sus conflictos. Pese a ello, siguen intereses en el mundo justificando los enfrentamientos y como resultado el interrogante impuesto de si la paz es simplemente la ausencia de violencia. 

Una realidad reciente y esperada por las mayorías en el país, la puso de nuevo en el centro de las discusiones, a tal punto de haber avanzado en el imaginario colectivo su necesaria implementación para que, aparte de eliminar los conflictos armados, en esta oportunidad se desborde el arraigado y simple concepto de no violencia, para elevarlo a dimensiones más amplias, es decir, a su verdadera categoría de integrar las libertades humanas y su plena satisfacción, de subsanar problemas sociales, ambientales y económicos, de garantizar democracia, de empoderar a la población en prácticas artísticas diversas e interculturales y así, conducir hacia una vida digna colectiva. 

Se trata, en consecuencia, de un reinicio en la forma de actuar para las ciudadanías y las instituciones. La territorialidad de la paz en todas sus implicaciones, debe empezar a aclimatarse, aunque sigan las voces contrarias y viudas de gobierno auspiciando el conflicto, la guerra, las desigualdades, la discriminación, el miedo, la violencia y la destrucción de la naturaleza, situaciones con las cuales históricamente fueron y gobernaron. 

Por eso, las ideas y creencias socialmente compartidas, es decir, los hechos ideológicos resultado de persuasiones que la hegemonía impuso a los grupos dominados a través de sus diversos mecanismos de manipulación, hoy sufren un colapso y hallan nuevo sentido común. La naturaleza social encuentra, entonces, que su sistema de creencias no correspondía a sus verdaderas expectativas, que había sido trastocado por intereses ajenos, con guiones predeterminados para normalizar las injusticias, las exclusiones, las inequidades. Como resultado, se están generando nuevas legitimaciones, las esperadas por mucho tiempo, entre ellas la paz, pero con la particularidad de poder controvertirlas libremente sin temor a retaliaciones. Se facilitan, por tanto, espacios para otras conversaciones, para mayor interacción, de garantías al disenso y, por ende, mayor participación. 

Reitero, esta ineludible transición de paradigmas compromete a las corporaciones, a las ciudadanías, al sistema educativo colombiano y en especial a la educación superior pública, esta última, en virtud del compromiso adquirido por la convocatoria a la Paz Grande hecha por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, en su Informe Final, debe seguir aclimatando sus campus como territorios incluyentes, dialogantes, pacíficos, de convivencia democrática. 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net