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Opinión / JUNIO 12 DE 2024

Ser asertivos

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En la vorágine de nuestras vidas diarias, la forma en que nos comunicamos se vuelve cada vez más crucial. Nos encontramos constantemente conectados, ya sea a través de dispositivos móviles, redes sociales o reuniones cara a cara. Sin embargo, ¿cuántas veces nos detenemos a reflexionar sobre la calidad de nuestras interacciones? La comunicación asertiva, una habilidad tan fundamental como subestimada, puede ser la clave para transformar nuestras relaciones y, en última instancia, nuestra calidad de vida.

Primero, es esencial entender que la comunicación asertiva comienza con el autoconocimiento. Conocer nuestras propias emociones, pensamientos y necesidades es el primer paso para expresarnos de manera clara y honesta. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado reaccionando impulsivamente, solo para lamentarlo más tarde? La reflexión interna nos permite identificar qué nos molesta, qué nos hace felices y, en consecuencia, comunicar esos sentimientos sin caer en la agresividad o la pasividad. La clave está en ser consciente de uno mismo, en tomarse el tiempo para entender nuestras propias reacciones y comportamientos.

La escucha activa es otro pilar fundamental. No se trata simplemente de oír las palabras del otro, sino de comprender el mensaje completo, incluidas las emociones y las intenciones detrás de esas palabras. Practicarla implica prestar atención plena, hacer preguntas clarificadoras y mostrar empatía. Este tipo de escucha no solo mejora nuestra capacidad de respuesta, sino que también fortalece las relaciones al hacer que nuestro interlocutor se sienta valorado y comprendido.

Un aspecto igualmente importante es el uso de un lenguaje claro y directo. La ambigüedad y las generalizaciones a menudo llevan a malentendidos y frustraciones. Ser claro y específico en nuestra comunicación evita confusiones y asegura que nuestro mensaje sea recibido tal como lo pretendemos. Esto implica describir situaciones concretas y usar el pronombre “yo” para responsabilizarnos de nuestros sentimientos y opiniones. Por ejemplo, en lugar de decir “siempre me ignoras”, podríamos decir “me siento ignorado cuando no respondes a mis mensajes”. Este enfoque minimiza la probabilidad de que el otro se sienta atacado y, por ende, reduce su estado de defensa.

El control de las emociones es otro componente crítico. En situaciones de conflicto, es fácil dejarse llevar por la ira o la frustración. Sin embargo, mantener la calma y expresar nuestros sentimientos de manera controlada es crucial para una comunicación efectiva. Técnicas de regulación emocional, como la respiración profunda o tomar un momento para reflexionar antes de responder, pueden marcar una gran diferencia. La calma no solo nos ayuda a pensar con mayor claridad, sino que también establece un tono más constructivo para la conversación.

Finalmente, la aceptación de la retroalimentación es esencial para la comunicación asertiva. Estar abierto a recibir críticas constructivas sin ponernos a la defensiva y reconocer nuestros errores demuestra madurez y disposición para mejorar. La retroalimentación debe ser vista como una oportunidad para crecer, tanto a nivel personal como en nuestras relaciones. Responder de manera asertiva a la retroalimentación implica agradecer al otro por su sinceridad y reflexionar sobre cómo podemos aplicar sus comentarios de manera positiva.
 


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