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Opinión / ENERO 10 DE 2018

Ser tu propio psicólogo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Siempre he dicho que la mejor forma de entender la psicología es como si fuera un manual donde podemos aprender sobre nuestros propios pensamientos, comportamientos y emociones, para luego tener la posibilidad de modificarlos y reinventarnos cuando la vida lo requiera.

 

Hace algunos años cuando llegué a trabajar como psicólogo a Armenia, encontré que la mayoría de personas creía que la psicología era para “locos”, no se atrevían a consultar o cuando lo hacían en algunos casos utilizaban seudónimos, se trataban de esconder al llegar al consultorio o si por casualidad se encontraban un conocido en la entrada se sentían realmente mal por lo que el otro pensaría de ellos.

Esto afortunadamente ya ha cambiado considerablemente, cada vez más la gente acude al servicio de psicología y entiende la función del psicólogo de una mejor forma, comprenden que es una ayuda para su vida y que pueden aprender a ser su propio terapeuta interno. La clave de todo esta en la voz interna, en como nos hablamos nosotros mismos, en aprender a escuchar lo que decimos y posibilitar el cambio.

Para empezar con nuestra autoterapia debemos comprender estos puntos importantes:

Hay algunos elementos en nuestra vida que intervienen constantemente en nuestro bienestar: los pensamientos, los sentimientos, las conductas, el ambiente que nos rodea, las situaciones que vivimos.

Entender los elementos anteriores nos debe permitir comprender que todo lo podemos modificar si cambiamos nuestro pensamiento y que no importa la situación que vivamos, siempre podemos equilibrar nuestra emoción desde los pensamientos.

Reconocer los pensamientos y saber escucharnos: tener en cuenta cuando tenemos pensamientos negativos, cuando somos demasiado autoexigentes y cuando nuestros pensamientos están exageradamente ligados al mundo y lo que la cultura nos dice.

Intentar disminuir las distorsiones cognitivas: tratemos de no hacer falsas generalizaciones, pensar mal, no ser radicales en nuestro pensamiento quedándonos en el blanco o el negro.

Tener una línea de evaluación racional de las cosas que nos suceden: no todo es genial, ni bueno, puede ser malo o normal, no necesariamente catastrófico.

Realizar cada uno de estos pasos es un proceso que viven los pacientes en terapia cognitivo-conductual, el objetivo final permitir que cada uno de ellos tenga consigo una lupa y pueda analizar su vida desde una posición más madura e independiente, no requieres estar “loco” para ello, todos necesitamos en algún momento darnos la oportunidad de frenar en la vida por un instante y analizar cada uno de los aspectos para generar cambios positivos.

neuropsicologo@davidcubillos.com.co


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