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Opinión / OCTUBRE 23 DE 2011

Solidaridad ante la emergencia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Por razones profesionales y desde luego del destino, ha correspondido a este servidor afrontar la dura emergencia que ahora registra Manizales, su tierra natal, frente al daño de la tubería madre que abastece de agua potable la totalidad de su área urbana y rural.

Es una situación absurda para una ciudad que se ha preciado de contar hasta ahora con lo sucedido, con el más seguro, confiable y completo sistema de abastecimiento del vital líquido, no solo para su población actual, sino para otros vecinos municipios.

A mi memoria ha vuelto con este motivo, la lucha incesante de muchos atrás por parte de la vecina municipalidad de Villamaría y su clase dirigente, por contar con su acueducto propio y una planta para su uso exclusivo, así para ello tuviesen que disponer de un producto con tratamiento de inferior calidad al que le ofrecía la ciudad capital. Entonces, fueron muchas las críticas y hasta los agravios verbales en su contra, por la presunta terquedad y prepotencia de tales dirigentes. Con el trágico acontecimiento del pasado miércoles, la realidad y la historia aunque un poco tarde, les está reconociendo buena parte de razón en su lucha.

Hoy paradójicamente, es esa presunta “terquedad”, la que de alguna manera le permite aunque sea a una pequeña parte de la población manizaleña, acudir a ese recurso para hacerle frente con sus vecinos, familiares, amigos o conocidos a la realidad emergente actual.

Es curioso y además sorprendente el suceso de la semana que concluye pues, dentro de la agenda de competitividad y productividad trazada por la alcaldía de la capital caldense, respecto a la recuperación y conservación de la parte alta de la cuenca del Río Chinchiná, abastecedora de agua para Manizales y Villamaría, proceso en el cual se han invertido esfuerzos desde hace más de cien años, destaca la reserva del Río Blanco, reconocida como uno de los Bosques de Niebla con mayor biodiversidad de Colombia, asegurando que ello “ha permitido mantener una disponibilidad de agua suficiente para abastecer estas poblaciones, incluso en las épocas de sequía cada vez más fuertes como consecuencia del calentamiento global, a diferencia de otras regiones del país y del mundo donde este fenómeno ha generado desabastecimiento del recurso.” Con lo registrado, se deduce entonces que nos preparamos para la sequía, pero al parecer nunca para la contraria invernal, que además es más común. Insólito.

Ahora registramos de forma paralela, el normal fenómeno especulativo y oportunista que nunca falta en este tipo de situaciones, cuando muchos individuos pretenden lucrarse de la desgracia ajena, ofreciendo el producto a un precio multiplicado varias veces sobre el precio normal o incluso cobrando por el uso de ciertas fuentes naturales que desde luego no son de su propiedad para que otros se puedan surtir de allí. Se ha requerido mayor y más decidida acción de control de las autoridades, como en efecto se está viendo. Hoy nos urge además la solidaridad y el sentido humanitario de las ciudades vecinas, pues de acuerdo con la información oficial, el problema es delicado y tiende a complicarse con el paso de los días. No hay certeza sobre la fecha en la cual se logrará superar, pero la verdad la ciudad y sus habitantes esperan no quedarse solos en esta emergencia. Dios nos tenga de su mano.


alarce_4@hotmail.com
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