Opinión / NOVIEMBRE 17 DE 2021

Territorialidad y cultura

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Investigar y revelar la historia de cotidianidad aportada por el Camino del Quindío suministrará evidencias indudables en la fundamentación de la Quindianidad. 

Migrantes franquearon la ruta, cruzaron lomas, planicies, pantanos y selvas, seguidos por sus familias y enseres básicos. Descuajaron enmarañadas selvas, vencieron difíciles condiciones geográficas (caudalosos y torrenciales ríos, exuberancia de animales silvestres, rigores climáticos, fastuosos paisajes y alucinantes mitos y leyendas), que se interponían y les obstaculizaba su peregrinaje, y fundaron los primeros pueblos en cercanías de la vía. 

Por difíciles canalones y tupidos montes, silleros, cargueros, petaqueros y arrieros con sus recuas, trasteaban personas de diversas condiciones sociales (políticos, militares, religiosos, diplomáticos, intelectuales, artistas, comerciantes, labriegos, presidiarios, prófugos, aventureros, guaqueros), procedentes de diversas regiones, que anhelaban encontrar un sitio en esas espesas selvas donde erigir una ranchería, contadero o  tambo para refugiarse de los rigores de la noche y los peligros de la espesura selvática al final de cada jornada de viaje. 

Variada temperatura y fértil naturaleza, aspectos provechosos para la agricultura y la ganadería, permitieron el establecimiento de enjambres de colonos procedentes de diferentes sitios del territorio de la Nueva Granada, que se posesionaron del espacio dejado por los primeros aventureros que deambularon únicamente por la casualidad de la guaquería y la minería del oro de veta y aluvión. 

El contrafuerte occidental de la cordillera del Quindío (cordillera Central), en su piedemonte, tutelado por los nevados (Ruiz, Tolima y Santa Isabel) y el paramillo del Quindío, fue el vértice de las contiguas fundaciones en la “Hoya del Quindío”. 

La pertinacia social más que la riqueza material, dio paso a la fundación de nuevas poblaciones. 

Su ascendencia cultural avivaba la provisión de construcciones públicas básicas: Iglesia, plaza principal, calles, despachos oficiales, viviendas y otras obras públicas, que les facilitara las relaciones socioculturales, cimiento esencial del poblamiento territorial. 

Del progreso tangible provino lo intangible. Sociabilidad, solidaridad, creencias, tradiciones, símbolos, costumbres (religiosidad, brío aventurero, arriería, juego de gallos, dados, naipes, ferias y fiestas), talantes que aún perduran en el tiempo y espacio y procedieron a la coincidencia territorial y cultural. Lo antes descrito, debe invitar a la pesquisa histórica que permita dilucidar la cotidianidad histórica del camino, insumo cardinal de la Quindianidad. 


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