Opinión / AGOSTO 03 DE 2021

Un buen café

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Uno de los mejores placeres del día es el tinto mañanero que produce una sensación de felicidad y plenitud; algo similar están sintiendo los que permanecieron fieles al noble cultivo, los pequeños campesinos de dos o tres cuadritas o los dueños de grandes extensiones, los medianos productores y desde luego el gremio de los cafeteros.

La actual coyuntura que favorece con precios extraordinarios gracias al aumento de dólar, las heladas del Brasil y el nerviosismo de los mercados, debe recibirse con mucha alegría y, por supuesto, con la aplicación estricta, de una política de prudencia y austeridad que permita claramente ahorrar algo, invertir en las fincas y sembrar más café; es posible que no signifique mucho en los ingresos del pequeño caficultor, pero es indudable que el café como dinero en el bolsillo del campesino, ayuda en sus remesas y mejora las condiciones materiales de su familia.

Soy un convencido de la importancia del café en nuestra economía y en la consolidación de la cultura cafetera; el afianzamiento del llamado Paisaje Cultural Cafetero —premiado por la Unesco— apenas en ascuas, podría reverdecer si aprovechamos esta coyuntura, además de renovar los cultivos, volver a sembrar muchas hectáreas con matas de café y de contera dar vía libre a proyectos en torno al llamado paisaje.

En la orientación del sabio manejo de los ingresos y la actual bonanza, es muy útil la maravillosa experiencia del Comité Departamental de Cafeteros, los municipales y la propia Federación, pues su vasta experiencia histórica, puede seguir cumpliendo su papel de asesoría en la renovación técnica de los cafetales, en las necesarias resiembras y en la recuperación de más tierras para el cultivo del café.

En mi criterio, la agricultura regional debe predominar con amplias zonas de café, la verdadera fortaleza de nuestra vocación histórica, único o casi el único producto que alimenta semana a semana a los campesinos; lo digo con conocimiento de causa, porque he sido testigo que la mucha o poca cantidad que saca el campesino, significa proporcionalmente su remesa. 

No desconozco los altos costos de producción y de los insumos, pero además debe dignificarse aún más la vida cotidiana del recolector, con seguridad social y buena alimentación.

En la región deben coexistir el ecoturismo, las fincas cafeteras, las resiembras, con el Paisaje Cultural Cafetero y el correspondiente cuidado y observancia frente a la pandemia. Un buen horizonte se avizora para la región cafetera, de la mano del Comité. Otro tinto, porfa.

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Gratitud por siempre.

Debo expresar con mucho énfasis mi gratitud para con las directivas de la Universidad del Quindío, el ilustre doctor Horacio Gómez Aristizábal, a los amigos de la AHQ, y muchos ciudadanos que me acompañaron en el reciente lanzamiento de mi último libro, infinitas gracias, a quienes asistieron al acto y los que pudieron verlo por internet. Dios les pague.
 


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