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Opinión / SEPTIEMBRE 21 DE 2011

Un día en la vida de…

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cabezas Logastro, el reconocido empresario de medios, periodista, columnista, reportero, profesor, publicista, productor, líder cívico y prohombre comarcal, debería estar de plácemes, ahora cuando las grandes utopías ciudadanas y las legítimas causas del patio casero resucitan por obra de las lógicas pasiones que despiertan los sanos intereses y las profundas convicciones que se resuelven convenientemente en la arena política: sus programas se llenarán de pautas.

Todos a diario le vemos, lo leemos y escuchamos con fervor, por lo cual él, con razón, siempre dice “nos escuchan y nos tienen fe”: no podía ser de otra manera, en un hombre que debe madrugar a diario para practicar lo que los expertos en fútbol llamamos fútbol total y que consiste en patear, cabecear el tiro de esquina, recoger la pelota y luego ponerla justo en el centro del campo para que todos hagamos nuestro juego, señores: Cabezas Logastro es polifuncional y de ahí ese obligado cirriculum vitae que lo obliga a militar en las más diversas causas, sin pretender jamás —óigase bien— pretender ser un Fernando González Pacheco o Pacheco. Por eso, tanto informa del acontecer local, a un mismo tiempo, como lo comenta y a la vez lee cuñas publicitarias, sin saberse a menudo si es que hace lo uno o lo otro, con lo cual queda demostrada la audacia de su vanguardismo, al romper las viejas y molestas distinciones entre los géneros periodísticos.

Que está a tono con las nuevas tic (las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones), queda demostrado al reunir también en sus muchos rostros el perfil de los nuevos internautas que participan en los numerosos foros de la red, subiendo videos, comentándolos, enviándolos a los medios y, en general, contemporizando con los nuevos imperativos de su ética periodística, cuales son los de asumir en su difícil quehacer los nuevos desafíos que plantea el vasto mundo de la información.

Tan cierto es esto, que hace algunas semanas se le vio - perdón, le vimos- visiblemente conmovido al nombrar con nombre propio y mostrar con uniforme propio las dolorosas imágenes, extraídas de la red, de esa célebre pelea de locas, con el uniforme del colegio San Eutrasio, en esos templos del deporte que son nuestros polideportivos, cunas de campeones, sagrarios del respeto a todo lo ancho y todo lo hondo de nuestra por todos, o casi todos, conocida patria colombiana. Pero, por favor, si a leguas se veía que fue ese un acto impúdico de irrespeto y profanación que sólo sucede con esa gente del San Eutrasio, en el sur de la ciudad. Estoy de acuerdo con Cabezas Logastro ¿Dónde estaban los profesores mientras las locas estaban en el polideportivo? ¿Dónde sus padres? ¿Dónde, por favor, la prosperidad moral que supera, con mucho, a la prosperidad democrática?

Y es que el Cabezas tiene razón, pues lo sucedido sólo puede suceder allá y es propio de la gente de allá, de ese sector de la ciudad, incluidos profesores, padres, alumnos, párrocos, tenderos y toda la clase social más representativa de esa… cómo llamarla…zona de, si, zona de nuestra periferia. Un típico caso aislado, que no resiste el análisis ni tan sólo el de las chismosas de la cuadra.

Por todo eso, una vez más proclamo a Cabezas Logastro, quien sin confirmar e investigar a fondo, por ese simbólico reportaje hecho sin su cámara, al premio comarcal de periodismo visual – que tantísimas veces ha ganado y merecido-, sin dejar de abanderar o aupar la candidatura del partido político que más votos vaya a obtener en las próximas elecciones, para que así, yendo a la fija, no se malogre la trayectoria y la respetabilidad de todo un prohombre cívico, emblema de nuestros medios, promesa de nuestras generaciones, símbolo de un renacer cuyabro, de un nuevo Quindío, tierra de promisión.


Teófilo Godoy
Columnista invitado


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