l
Opinión / FEBRERO 17 DE 2022

Una antología cercana

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Me ronda la palabra “antología”. Aunque familiar y sonora, caigo en cuenta que nunca me había interesado en buscar su etimología, ejercicio habitual en los nostálgicos de los diccionarios y las enciclopedias. Saldo la deuda con mi curiosidad: «Antología: del griego ánthos (flor), y logía (selección)». El significado original se corresponde pues en belleza y sutileza con su sonido: “antología”: selección de flores.  

Como entusiasta del género cuento y el articulismo, las antologías han sido importantes en mi camino lector, y constituyen una parte considerable de la biblioteca personal. En los inicios de la afición lectora y el trasegar por las bibliotecas públicas, recuerdo el deslumbramiento con las antologías temáticas de cuento de la editorial Panamericana: Cuentos de viaje, Cuentos de muerte, Cuentos de soledad, Cuentos urbanos; y la colección de Cuentos completos, por autor, de Alfaguara. Desde que hace varios años me hice con los Cuentos completos de Julio Ramón Ribeyro −autor admiradísimo−, y con la antología de cuento joven norteamericano Habrá una vez, en la tradicional librería de usados Árbol de tinta en el centro de Bogotá, siempre que acudo a las ferias de saldos y a los puestos ambulantes mis ojos buscan instintivamente en portadas y lomos las palabras “Antología” y “Cuentos completos”. 

Por su carácter abarcador y ecléctico, las antologías se constituyen en paradigmas del placer y la libertad lectora. Si algún libro puede considerarse emblemático para conectar con los Derechos imprescriptibles del lector expuestos por Daniel Pennac en Como una novela, ese sería una antología cualquiera, siempre y cuando esté bien editada. Pienso fundamentalmente en los derechos 4 y 8: Derecho a releer y Derecho a picotear, respectivamente.    

Por estos días me ocupa la Antología del cuento quindiano, preparada por María Alejandra Zapata y Jason David Grajales, y publicada en 2019 dentro de la colección de la Biblioteca de Autores Quindianos. Aparte de todas las variables que surgen y se deben considerar para valorar una obra que compila algo tan amplio como la producción cuentística de una región —amplitud y criterios de la selección, representatividad generacional, estilística y temática, inclusión, etc.—, una antología cercana como esta puede tocar otras fibras y confrontarnos como lectores, sujetos consumidores de cultura y habitantes de un territorio rico en historias y formas de narrar. 

Son muchas las sorpresas y satisfacciones al transitar por las páginas de una antología como esta. En mi caso fue grato releer uno de los pocos cuentos que escribió Luis Vidales, y que había conocido hace varios años en otra antigua compilación; reencontrarme con El tragabalas, de Susana Henao, cuento que motivó mi primer ejercicio de reseña cuando hice parte de un taller de escritura; y descubrir autores que no tenía en el radar como Germán Uribe, César Carvajal y Darío Iturregui. Diez de los veintitrés cuentos reunidos corresponden a autores amigos o conocidos, admirados por su ejercicio creativo. Algunos partieron en los últimos años. 

Etimológicamente “antología” alude a una selección de flores; también puede ser un surtido de alegrías o un compendio de añoranzas.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net