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Opinión / OCTUBRE 24 DE 2022

Una diócesis social

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El Cordón de los Fundadores es el reconocimiento más importante que entrega la ciudad a una persona del municipio. En el marco del aniversario de la capital quindiana, se confiere a un ser humano o a una entidad que ha brindado sus servicios en nuestra tierra. Armenia conmemoró 133 años de vida administrativa y este galardón fue conferido a la Diócesis de Armenia, institución de la Iglesia católica que ha brindado un aporte fundamental a la sociedad y servido de múltiples maneras a los quindianos.

Recibió esta exaltación, como representante legal, monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, hombre que ha profundizado la vocación social de la entidad y propuesto innovadoras campañas y proyectos para mejorar las condiciones de vida de los quindianos, no solo en el plano espiritual y religioso, sino en todos los ámbitos. Es una diócesis social, que no solo se ocupa de las prácticas de piedad, el culto y los oficios religiosos (asuntos muy importantes), sino que ha decidido ir más allá de las paredes de los templos y tocar la vida de los seres, los hogares y las comunidades, para materializar el mandato de amor que hace parte de la esencia del Evangelio. 

Son muchos los aspectos para destacar en esa vocación social.

Primero. La predilección por los pobres. La Pastoral Social se ha enfocado de manera especial en los más desfavorecidos, tendiendo una mano solidaria, creando campañas y brindando servicios a quienes más lo necesitan.

Segundo. La lucha contra el hambre. Son variados y útiles los programas, como la Alimentatón, que nos convoca a vincularnos con la donación de dinero y productos no perecederos, para contribuir a la atención de los que tienen hambre y carecen de posibilidades para saciarla. 

Tercero. La atención a las familias. No se trata solo de combatir la pobreza y el hambre, también es fundamental atender los espíritus y contribuir a la construcción de tejido social. Es valioso lo que hace la Diócesis para orientar a las parejas, preparar a los novios, brindar espacios de reflexión a las familias, apoyar en las crisis, crear encuentros espirituales y contribuir con la unión y la paz de los hogares.

Cuarto. El apoyo en el duelo. La muerte de los que amamos es quizás la prueba más dura para el alma. Por eso la Diócesis, a través de profesionales, acompaña en esos momentos difíciles y brinda apoyo para que se pueda afrontar el dolor de una mejor manera.

Quinto. El liderazgo espiritual. En cada comunidad existe una parroquia católica, que bajo el liderazgo de sacerdotes comprometidos con Dios y la gente, apoya cantidad de procesos, no solo espirituales, sino también sociales y comunitarios. 

Es enorme el bien que hace la Diócesis en el Quindío y es maravilloso que la sociedad armenita lo reconozca. El reto es, además de experimentar gratitud y brindar reconocimiento, vincularse con sus campañas solidarias, para que siga siendo ese faro de luz y amor que nos guía e ilumina.


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