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Opinión / JULIO 15 DE 2012

Una misión nada fácil

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

  Hablando en términos generales y en lo referente al común de las gentes, lo primero que una persona piensa cuando se trata de emprender una actividad productiva nueva, es sobre su disponibilidad de recursos materiales, iniciando por el factor capital, por encima de otros que con plena seguridad, son tanto y hasta más importantes. Esto es, el talento, el conocimiento, la capacidad de trabajo, la tenacidad, las ganas, entre otros que competen básicamente al carácter y la personalidad de cada individuo y aunque no se pueden descartar por supuesto ciertos elementos externos, los fundamentales provienen de su propio interior.

Por algo, Jesús escogió para fundar lo que hoy representa la más grande y mayoritaria institución universal a una serie de personajes, no necesariamente  los más ricos, poderosos, sabios o entendidos de su época, y hoy nos continúa llamando de alguna manera a todos los que por Él hemos sido creados, para que continuemos aportando lo que nos corresponda y en la proporción que lo hemos recibido de una forma gratuita para que esa obra siga creciendo. A sus discípulos Él les pidió desplazarse por todo el mundo a reproducir el mensaje y la enseñanza que les transmitió durante su vida pública, dotándolos de las herramientas, el  poder intuitivo y curativo necesario para atender a sus potenciales seguidores, de acuerdo con sus necesidades particulares. Solo les pidió llevar un bastón que se puede interpretar como el símbolo de tales facultades especiales.

De resto, total desprendimiento, incluidos alimentos, ropas o demás elementos indispensables para un viaje turístico normal. Es que ahí, es donde estaba la diferencia. A ellos no los estaba enviando a ningún paseo de diversión, sino al cumplimiento de su gran misión salvadora. Con esto da a entender que quien acepta y asume su compromiso con el Maestro, con total sinceridad, sin egoísmos o sin pensar en sus propios intereses particulares, puede hacerlo con la seguridad que no le faltará nada. Obvio que tampoco estarán exentos de dificultades de toda índole y así les advierte.  

En cada época se manifiestan de formas diversas, normales cuando se considera un asunto que de alguna forma abarca variantes sociales, económicas y políticas, a sabiendas que todo ello tiene injerencia en la vida de todo ser humano y  por tanto, dentro del proceso de evangelización, mucho menos puede ser ignorado.  Entendiendo la multiplicidad de criterios y puntos de vista e ideologías en cada campo podemos aceptar normal que se registren discrepancias y enfrentamientos.

Tal como lo plantea el portal “Con Jesús”, el apoliticismo de la religión es simplemente imposible, ilusorio o ingenuo. Hace política de alguna manera, inevitablemente, como Jesús asumió definidamente su postura social y política frente a la realidad de su momento.

No se trata de negar las implicaciones sociales y políticas de nuestra práctica cristiana: lo que es necesario es que esa política sea según el evangelio, el mismo que nos obliga a hacer política, pero no una política según los intereses del dirigente de turno, de los poderosos o los intereses del sistema, sino según el interés del amor. De la fraternidad, de la justicia, de la opción por los más vulnerables.  En su caso, los apóstoles de Jesús fueron ganando confianza, al darse cuenta que podían hacer lo mismo que su Maestro. Para ello, la fe, es el ingrediente fundamental.


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