Opinión / SEPTIEMBRE 11 DE 2022

Urgente depurar la actividad política

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El nuevo y reiterado escándalo protagonizado por el congresista del Pacto histórico Alex Flores, ratifica una vez más la imperiosa necesidad de introducir dentro de una reforma electoral nuevos condicionamientos o filtros para quienes aspiren a acceder a tan transcendentales cargos de elección popular o incluso para ocupar cargos de primordial importancia para el buen funcionamiento del Estado, como ya en otras ocasiones lo he planteado en este espacio.

La nación es la empresa de todos los colombianos y por ende deberíamos exigir que sea administrada, dirigida por personas idóneas, correctas, integras, como acontece con cualquier empresa particular, lo que infortunadamente no sucede por razones “democráticas”, según las cuales cualquier ciudadano que no esté incurso en las incompatibilidades, generalmente de carácter administrativo, jurídico o constitucional, diferentes al tema de carácter y personalidad, puede ser elegido o designado para ocupar cargos dentro del gobierno. Incluso ni el nivel de formación y capacitación, representa impedimento.  Pero contar con antecedentes de pérdida de investidura por enredos con contratos, acusación por injuria y calumnia sobre lo cual se sabe que se soluciona retractándose de lo dicho, antecedentes de agresión intrafamiliar o social, problemas de alcoholismo o drogadicción o incluso de carácter mental, no son impedimentos para que una persona se pueda presentar como candidato a elección popular y desde luego salir elegido y posesionarse. Tampoco si la persona está siendo procesada por cualquier delito, mientas no esté condenada o declarada con impedimento por los organismos de fiscalización y control, puede aspirar, así esté detenida. 

Frente a toda esa situación, una reforma electoral debería contemplar más limitantes y exigencias a quienes aspiren a dirigir los destinos nacionales o territoriales, tales como pruebas de idoneidad, tal como se exige a quienes vayan a expedir su licencia de tránsito para conducir un vehículo, incluidas las normas legales y constitucionales, su capacidad síquica y técnica, emocional, física, corporal, intelectual, ética. Es muy posible que no todos los problemas que han surgido con tantos personajes incapaces, ineptos, torcidos, con mentalidad delincuencial, que se mezclan en la actividad política y llegan a las vorporaciones públicas a ejercer los cargos con tan malévolos intereses, se habrán de solucionar, pero creo que si permitiría mayor control y un buen comienzo para reducir tanta ineficiencia, corrupción y escándalos como los que acostumbran protagonizar ciertos personajes embriagados de poder político o con el solo interés de llenar sus bolsillos a costa del erario, haciéndole graves daños a nuestro sistema democrático y al país en general.

En resumen, depurar la actividad política debería ser un propósito nacional, aunque difícilmente se pueda implementar en nuestro país, conociendo tantos intereses individuales que se mueven dentro de las instancias de poder encargadas de introducir reformas como las sugeridas. Sin embargo, ahí quedan planteadas con la esperanza de que algún día logren eco entre personas sensatas, honestas y auténticos demócratas que solo busquen el bien de la nación.

Siendo un país, con tantas mayorías buenas, no hay que perder la fe y la esperanza que así sea.  Es lamentable reconocerlo, pero, en buena proporción,  a los cargos de representación no llegan los mejor preparados y de mejor perfil en materia de auténtico liderazgo y formación, salvo importantes excepciones, sino muchos otros que cuentan con capacidad  de manipulación, intriga y convicción a incautos sobre sus inviables y populistas propuestas, las que luego tendrán que reconocer ante los mismos electores, que son imposibles de ejecutar. Desconcertante realidad que esta semana quedó ratificada cuando los partidos tradicionales, aun a costa de sus propios principios, ratificaron que solo les interesan las mieles  del poder, declarándose partidos de gobierno, lo que les compromete a aprobar a pupitrazo  todo lo que les proponga el ejecutivo y así proteger su interés  individual por encima del interés general . Peligrosa posición.


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