Opinión / FEBRERO 24 DE 2021

Vacunas, ética e inequidad

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es indudable que el mayor desafío para la humanidad  en el siglo XXI ha sido la pandemia de la 

Covid-19 y  la mejor noticia ha sido el desarrollo de las vacunas por diferentes laboratorios, sumado a los esfuerzos de los gobiernos del mundo  que trabajan contrarreloj para vacunar a sus poblaciones e impedir el avance exponencial de los contagios, la mutación de otras variantes y el aumento indiscriminado de la mortalidad.  

Toda esa competencia maratónica de gobiernos y farmacéuticas ha dejado al descubierto la desigualdad económica, social, y los problemas éticos que se derivan de la pandemia al evidenciar como los países de altos ingresos han acaparado la adquisición de las vacunas, pues tienen el 16 % de la población del mundo, pero  adquirieron el 60 % de los biológicos vendidos hasta ahora, con las cuales podrían vacunar 6 o 7 veces a su  población, dejando por fuera al 90 % de habitantes de casi 79 países de ingresos medios y bajos  que no podrán acceder rápidamente a las vacunas, pues se calcula que la quinta parte de la humanidad no va a recibir vacunas hasta 2022 o 2023, socavando los cimientos del multilateralismo proclamado por la globalización como un mecanismo para buscar soluciones comunes a problemas globales y generando con ello una gran brecha de accesibilidad y equidad en su distribución, una promoción de los nacionalismos de vacunas similar al de la carrera armamentista por lograr vacunas efectivas.

Colombia por su parte empezó la vacunación con muy pocas dosis, 50.000 vacunas que se distribuyeron en todo el país, dirigidas al personal médico de primera línea, mientras que países más pequeños como Costa Rica, Chile, Ecuador, Perú y Argentina, iniciaron su proceso hace varias semanas lo que implicará para Colombia, no solamente un retraso, sino una recuperación económica y social más lenta y una gran pérdida de vidas humanas. 

En ese sentido se contradicen los principios de la vacunación trazados por el gobierno nacional, en el sentido de que no se va a erradicar el virus o llevar a cero la tasa de contagios o la propagación de la enfermedad, pero sí, evitar el mayor número de muertes y el mayor ingreso de hospitalizaciones y a las UCI.

Los antivacunas

Por otro lado, surge otro elemento de tensión como es el movimiento antivacunas que tiende a crecer exponencialmente en el mundo, surgido de creencias religiosas, espirituales, filosóficas o posturas políticas, reducidas al desprecio por la ciencia y el conocimiento y últimamente a la desconfianza en los sistemas democráticos, así como  al poder de la industria farmacéutica que, no es un sector económico cualquiera, sino un portentoso grupo de presión que incide en las políticas públicas de los sistemas sanitarios y sus medicamentos esenciales, en muchos casos privilegiando la obtención de ganancias por encima de la salud y la vida de las personas.

Toda esta variedad de argumentos,  que van desde lo religioso  al advertir que las vacunas intervienen con el curso natural de la vida, lo sanitario al considerar que la incidencia de las enfermedades se asocia a otros factores sociales, económicos y culturales, que no están relacionados con la vacunación, lo científico, al estimar que las vacunas ocasionan muchos riesgos y eventos adversos, lo político donde predomina la creencia que hay gobiernos enemigos interesados en aniquilar países, acabar con la población vieja, dejar estériles a los hombres, e incluso se habla del temor a la implantación de microchips con IA para obtener toda la información y dominar las mentes y la voluntad de los individuos y por último, el argumento más común, que considera que los desarrollos alcanzados por las vacunas contra la Covid  hasta hoy no tienen ninguna eficacia, no representan ningún beneficio para la salud y en cambio sí pueden desencadenar muchos efectos secundarios a lo largo del tiempo.

Con todos estos prejuicios, se desconocen  los desarrollos alcanzados por la ciencia que le ha permitido a la humanidad   aumentar en 40 años la expectativa de vida, y derrotar enfermedades con alta mortalidad y graves consecuencias como la viruela, el sarampión, la rubeola, la tosferina, la varicela y la poliomielitis entre muchas otras.

Sin embargo, hay que tener presente que según los estimativos del Dane, un 40.6 por ciento de los colombianos afirma que no va a inmunizarse, aunque esté disponible la vacuna y sea gratuita.

Eso sería un nuevo obstáculo que impediría el cumplimiento de los cálculos del gobierno nacional, pues se necesitarían vacunar 300 mil personas diariamente en el país, en lo que resta del año para lograr que al finalizando estemos vacunados  35 millones de colombianos que representan el 70% de la población.

Vacunas para todos

No es casualidad que Tedros Adhanom, director general de la OMS haya advertido que “el mundo se enfrenta a un fracaso moral catastrófico” debido a la distribución desigual de las vacunas, que seguramente alargará en el tiempo la reactivación económica global y se perderán millones de vidas más mientras pasa el tiempo y se logra vacunar a por lo menos el 70%de la población mundial.

Los acuerdos bilaterales entre los gobiernos y las farmacéuticas, han sido un  escollo para el mecanismo Covax creado por la OMS en el cual 172 países buscan garantizar la vacuna a los más pobres, porque ha generado un alto incremento en las dosis, dado que las farmacéuticas han priorizado los países ricos por el margen de ganancias que reciben.

Por todo lo anterior, es un imperativo moral de los gobiernos del mundo y de la humanidad, hacer los mayores esfuerzos para lograr que todos los países  puedan acceder equitativamente a las vacunas, independientemente si son de ingresos medianos o altos, o si viven en dictaduras o en democracias.

Pues ya se ha demostrado con suficiente evidencia como en las economías más desarrolladas como la de Estados Unidos, mueren más de Covid los latinos y los negros que los blancos americanos.

A ese respecto no es ajeno nuestro país, desde los datos del sistema de vigilancia en Colombia se identificó que el mayor número de casos se presentan en las personas dedicadas al cuidado del hogar, seguidas por los estudiantes, los desempleados y los trabajadores informales. Los militares, practicantes y asistentes médicos, policías pensionados, vendedores de tienda, conductores de taxi y profesionales de enfermería. 

Pero también  los lugares en donde el virus tiene la mayor posibilidad de contagios, las cárceles, batallones, instituciones de salud, empresas, plazas de mercado, estaciones y oficinas de Policía, centros de protección, resguardos indígenas y albergues para migrantes.

Es indispensable desde el gobierno y los medios de comunicación encaminar esfuerzos hacia una pedagogía de la vacunación con información y evidencia científica que coadyuve a la construcción de confianza, de tal manera que se logre disminuir el número de escépticos frente a la vacuna y se pueda desde una perspectiva en clave de humanidad equilibrar la balanza de la solidaridad e impedir que se presente una catástrofe para la humanidad como la que advirtió semanas atrás Tedros Adhanom, si prevalece más el egoísmo que la cooperación entre países.


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