Opinión / DICIEMBRE 06 DE 2021

Vida consagrada

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Fue el 7 de diciembre de 1996 la fecha en la cual Jaime Álvarez Gómez recibió de manos de Monseñor Roberto López Londoño —obispo de la Diócesis para aquel momento—, la ordenación que selló un pacto de amor con Dios y lo consolidó como un líder, apóstol, pastor y guía espiritual para este territorio. 

Se cumplen 25 años de una vida consagrada, que ha transcurrido colmada de logros y arropada por el abrazo de comunidades que guardan la huella de un hombre, que por su carisma y convicción, marca una impronta en el pensamiento y el alma de quienes hemos sido tocados por la fuerza de su espíritu, la contundencia de su palabra y el amor de su corazón.

¿Qué es la vida consagrada?

Es la decisión libre que un ser humano —hombre o mujer—, adopta como resultado de un proceso de fe, que le lleva a renunciar a otras alternativas —como el matrimonio, por ejemplo—, para enfocar su tiempo y energía vital en fortalecer su relación personal con Dios e invitar a otros a emprender su camino de salvación, buscar la virtud y practicar valores como la devoción, solidaridad, piedad y esperanza. Existen diversas opciones, una de ellas, el sacerdocio católico, gracias al cual, luego de extensos estudios en filosofía, teología, derecho, liturgia y otras áreas, así como de un proceso de discernimiento vocacional, un caballero decide donarse en cuerpo, mente y alma a una comunidad, para liderarla, orientarla y conducirla espiritual y socialmente.

¿A qué ha estado consagrada la vida del Padre Jaime?

Primero, a Dios y a María. Después de vivir una relación de amor con el Padre, es ejemplo de una fe madura, consciente, que conserva la ternura que cautiva, con el férreo compromiso de una conexión trascendente estructurada. Es un hombre devoto, auténtico creyente, que practica los sacramentos, la oración y la meditación con fidelidad.

Segundo, a la Iglesia Católica. Es uno de los sacerdotes que engrandece a esta comunidad con su presencia. Su solidez bíblica y bagaje académico, le permiten ser un predicador que convence, que hace que los fieles vibren con sus homilías y toca corazones con su actuar.

Tercero, a la comunidad. Es enamorado de la gente, crea conexión con personas de todas las edades: conmueve a los niños, convoca a las mujeres, inspira a los hombres y acoge a los ancianos. Disfruta ser protagonista de obras de beneficio colectivo y siempre se ha enfocado en ayudar a aquellos que lo necesitan.

Cuarto, a la familia. Es un defensor de esta institución y ha dado grandes aportes para fortalecerla. Promueve charlas, encuentros, talleres y cantidad de actividades para avivar la llama del amor en las parejas y promover la excelencia en la crianza de padres y madres hacia sus hijos.

Quinto, a la inclusión y la dignidad. Ha dedicado gran parte de sus años a comprender la situación de los que tienen orientaciones distintas, es un defensor de los integrantes de la comunidad LGTBI y ha sido adalid del respeto por la diferencia y la primacía del valor de la persona sobre otras consideraciones.

Es un hombre excepcional y su existencia, un regalo amoroso de Dios para esta tierra.


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