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Opinión / SEPTIEMBRE 19 DE 2018

Violencia de género

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En estos días nuestra sociedad se encuentra completamente escandalizada con un caso de violencia o maltrato que se dio en una pareja de la farándula, tal vez sea uno de los tantos casos que se ven en nuestro país y que son reportados a las autoridades, sin recibir mucho apoyo y quedando completamente en la impunidad.

Estos procesos de movilización social permiten que nos preguntemos realmente ¿qué es lo que pasa en nuestras familias? ¿Será qué desconocemos la realidad? O tal vez nos indignamos cuando es visible y hacemos caso omiso en el resto de los casos. Nos acostumbramos a las dinámicas y permitimos que queden guardados en archivos de un proceso judicial, acostumbrándonos a la doble moral. Cuando sucede esto, recuerdo que en muchos casos las mamás en nuestras familias asumen posiciones como: “no se debe hablar más del tema”, “nadie debe saber nada de esto”, esto solo lo podemos hablar en la familia”, “la ropa sucia se lava en casa”.

Las posiciones familiares y sociales de doble moral nos han hecho daño durante muchos años, son posiciones cargadas de autoagresión y apegos excesivos. Tal vez una mujer espera mucho tiempo para denunciar porque sus creencias frente a las relaciones hacen que se flexibilice en sus principios, permitiendo que se den fenómenos de maltrato.

Para entender estos fenómenos los Psicólogos realizamos unos condicionamientos en el laboratorio donde ponemos a los ratones comida con electricidad, cuando el ratón se acerca a su plato de comida le pasa un fuerte impulso eléctrico, el ratón se aleja para no sentir este impacto pero luego con hambre vuelve y se acerca hasta que se acostumbra a la corriente cada que tiene que comer; en este proceso se da una desesperanza aprendida. Tal vez muchas de las mujeres o personas que están en una relación tienen una desesperanza aprendida porque piensan que necesitan el afecto del otro a pesar del maltrato, es decir, así como el ratón necesitaba su comida a pesar del estimulo aversivo la mujer necesita a su pareja a pesar de la violencia que esto genera.

¿De donde viene este tipo de fenómenos? Tal vez hemos aprendido la desesperanza desde nuestros parámetros machistas donde en las mismas familias se realizan procesos de crianza con discursos donde se le dice a las mujeres que deben aguantar, que deben estar al lado de su esposo a pesar del maltrato y donde aprendemos a pensar que necesitamos a la otra persona y no podemos vivir sin ella, causando victimización y perdida de amor propio.

La violencia de género no solo es frente a las mujeres, hay muchos hombres violentados y maltratados, estos son victimas silenciosas que temen afrontarlo. 

Debemos ser abiertos a construir un parámetro social donde se afronte, se permita el cambio y se entienda que la violencia no nos lleva a nada bueno en una relación.

neuropsicologo@davidcubillos.com.co


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